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viernes, 20 de enero de 2017

CLAUDIA PRÓCULA

Aún las luces del nuevo día no se percibían sobre la ciudad, cuando nos sorprendió el ruido de caballos deteniéndose delante de nuestra casa. Nos hizo temer lo peor.
Llevábamos tres largos años de exilio en la ciudad de Vienne, y Poncio todavía temía que el emperador tomase represalias contra él. Aquella mañana, sin embargo, el tribuno y los dos soldados que le acompañaban, eran portadores de las mejores noticias emitidas desde el Palatino para él.
En su escrito, Claudio Nerón nuevo emperador romano, pedía a Poncio que abandonara el destierro y regresase a Roma. Añadía en su carta, el anuncio de la devolución de todos los bienes, que un día el emperador Calígula le desposeyera, multiplicados estos por diez.
Sólo esto, debería haber devuelto la alegría a mi marido, pero su estado anímico contenía tanta amargura, que la misma corroía sus entrañas. La situación en que se encontraba era lamentable; a su depresión, había que añadir las consecuencias de su adicción a la bebida.
A mí, sí que me reconfortó su contenido. Mi espíritu, que había sido tiempo atrás alegre, se había ensombrecido ante la dura realidad que atravesábamos. El resto de la mañana, ocupada en el ajetreo de recoger los enseres que debíamos trasladar a Roma, no me preocupé por su ausencia.
Al mediodía, al ver que Poncio no estaba en el jardín, lugar donde pasaba la mayor parte de su tiempo, decidí llamarlo. En ese momento, me di cuenta que hacía rato no se oía el canto de los ruiseñores.
Estos habitualmente, alegraban nuestras estancias en aquel idílico rincón de la casa. En su lugar, ahora solo se escuchaba el ulular de una lechuza. Mal augurio. Sentí como un escalofrío recorría toda mi espalda. Lo volví a llamar y al no recibir respuesta, me dirigí a nuestro aposento.
Aquel sentimiento de alegría, provocado por la noticia del regreso a Roma, se transformó de pronto en angustia. Abrí la puerta de la habitación. Los rayos de sol penetraban hasta el centro del dormitorio e iluminaban la cama. Sobre ella, vestido con el uniforme de prefecto, se encontraba ensangrentado y moribundo mi esposo. Poncio se había cortado las venas. Nada se pudo hacer por él.
De nuevo el dolor, volvía hacer acto de presencia en mi vida. Primero la muerte de nuestro primogénito Cayo, quien contrajo una enfermedad rara que los médicos no pudieron atajar.
Un año más tarde, Aulo nuestro tercer hijo, caía en una emboscada militar. Sin embargo, fue con la muerte de Poncia, a la que Lucano su esposo en un ataque de celos la había prendido fuego, la que nos causó mayor dolor.
Y ahora Poncio, mi esposo. Éste no había podido soportar más la angustia que sufría, desde la celebración de aquel macabro juicio contra el ‘Galileo’. Por miedo al Cesar y la presión que habían ejercido los sacerdotes, había condenado a muerte a un inocente.
Yo sabía de sus defectos, pero, aun así, le había amado con todas mis fuerzas.
A su entierro, me acompañaron sus amigos Marco Vinicio y Flavio, junto con algunos aldeanos de la villa.
Las jornadas siguientes, las dediqué a terminar de recoger los últimos enseres que quedaban, y tres días más tarde, emprendí regreso a la ciudad que no debíamos haber abandonado nunca; Roma.
Una vez en ella, me instalé en la recuperada casa, que había heredado de mis tíos Antonia y Probo en el Esquilinio, ya que yo era huérfana. Por la tarde y cuando los rayos de sol daban sus últimos tonos de color a la ciudad, sentí la necesidad de bajar al jardín. Sin darme cuenta, me senté bajo el mismo cedro con corona de rosas rojas, donde viera por primera vez a Poncio. Cerré los ojos y reviví aquellos años.
Con veinte años sabía muy bien, que no era una mujer agraciada y que además carecía de fortuna, para compensar esa falta de atractivos. Prima del emperador Tiberio, estaba considerada rara en los círculos próximos a mi primo. Yo era una fiel seguidora de las doctrinas de Pitágoras, y adepta a Isis la egipcia, culto por el que el emperador sentía una hostilidad enconada. Esto último me había causado problemas, ya que Isis pasaba por ser la protectora de las prostitutas y mujeres de vida ligera.
Llevaba cierto tiempo sin ver a Tiberio, cuando éste me sorprendió con un mensaje suyo. En el mismo, el emperador me comunicaba que tenía un pretendiente: ‘Claudia, Cayo Poncio Pilato te visitará en breve’.
En un primer momento me sentí enojada con él ¡Qué desfachatez! ¡Buscarla a ella marido! Luego más tarde, nació la curiosidad por conocerle. Al día siguiente de recibir este mensaje, una voz profunda me sacó de la ensoñación en la que me encontraba, inundando de alegría mi ser.
— ¡Te saludo Claudia Prócula!
— ¡Te saludo Cayo Poncio! ¡Sé bienvenido a nuestra casa! —Intenté que en mi respuesta no se percibiera el azoramiento que tenía.br> Era un Tribuno apuesto. No tenía más de treinta años. Algunas marcas sobre su piel, señalaban que era un soldado veterano acostumbrado al combate. Mi sorpresa fue, que días más tarde se presentó de nuevo.
Llevaba en sus manos un anillo de compromiso y en el interior de los mismos, figuraban grabados nuestros nombres. Mis tíos no pusieron reparos a la boda y los fastos se celebraron a finales de abril.
Los cinco primeros años de nuestra vida en común, estuvieron llenos de felicidad. De ese amor nacieron Poncia, Cayo y Aulo. Pero nada en la vida es completo. Esa tranquilidad y felicidad que gozábamos, se vería truncada el día en que Pilato recibió la orden de presentarse ante Tiberio.
Antes de que marchara, le conté que había tenido un sueño que había alterado mi espíritu, y le rogué que rechazase cualquier cargo que le fuese encomendado por el César. Poncio tenía prisa e insistía en marchar al Palatino, pero yo le retuve hasta poderle relatar mi sueño:
“Te encontrabas esposo mío en una lejana tierra, y unos hombres te ofrecían un cuchillo para que matases un cordero. En el momento que te acercabas al cordero, este se convertía en un niño recién nacido. Más tarde, el grupo de gente se ampliaba y unos te gritaban ¡Sacrifícalo! Y otros ¡mátalo!”
—Te ruego Cayo Poncio no hieras nunca al cordero —Él me había jurado que no lo haría. Ahora sabía lo equivocada que estaba. Pilato, pronto se olvidó de aquel juramento.
Cuando mi esposo regresó a nuestro hogar, lo hizo como gobernador de Judea y con instrucciones, aunque no era habitual, de que el viaje lo debía hacer toda la familia.
Tiberio puso una tirrena a nuestra disposición, y en tres semanas nos encontrábamos en el puerto de Cesarea. Sería nuestro lugar habitual de residencia, salvo la semana de la Pascua Judía, que nos veríamos obligados a residir en la fortaleza Antonia. En aquellas tierras forjé una nueva Claudia, muy diferente de la que conociera Poncio Pilato en Roma. A mi ir a una Judea rebelde no me apetecía. Inclusive, me costó mucho hacerme a la idea de vivir en medio de aquel pueblo, sucio, astuto y negociante, sin embargo, una esposa debe seguir a su marido hasta donde le permitan las circunstancias.
La vida no resultó fácil, pero estábamos todos juntos.
La tarde decaía y comenzaba a bajar la temperatura en el jardín, cuando Marcia apareció con un supparum (chal) para abrigarme. Vuelta a mis pensamientos, recordé como había conocido a María Magdalena. Eran los primeros tiempos de nuestra estancia en Judea.
Ocurrió en uno de mis desplazamientos a Jerusalén. El motivo era visitar al matrimonio Gallas, únicos amigos míos de Roma. Allí encontré a María de Magdala, conocida por muchos como Magdalena. Ésta mantenía una gran relación de amistad con este matrimonio. Su trato franco, hizo que enseguida fraternizáramos.
No tardó mucho en ponerme al corriente, de la existencia de un rabino itinerante, que primero en Galilea y luego más tarde en Judea, había provocado una gran expectación con sus milagros.
María me relató con toda su vehemencia, la experiencia que representaba para ella Jesús, así como los hechos fantásticos que en su compañía había vivido: la multiplicación de los panes y los peces, curaciones a leprosos, la recuperación de la vista de los ciegos. Esto me llenó de curiosidad.
Fue tiempo más tarde, en casa de Lázaro en Betania, cuando en su compañía tuve la ocasión de oír a Jesús. Allí observé el cariño que le demostraban, tanto el dueño de la casa como sus hermanas Marta y María. Éstas se prodigaban, para hacerle más cómoda su estancia allí.
Nos sentamos todos sobre unos cojines en el suelo, en lo que era la sala más grande de la casa (esta hacía las veces de comedor), y allí asistimos a una de sus pláticas. De su boca salía un mensaje de fraternidad y amor. Sin saber cómo, me encontré siendo una de las seguidoras de Jesús.
Poncio se veía obligado a viajar con frecuencia por toda Judea, lo que yo aprovechaba, para en compañía de Flavio y Marcia, seguir algunas de las predicaciones de este rabino.
Próximos los días de la celebración de la Pascua judía, Jerusalén se llenaba de gentes venidas de todas partes para su celebración. Cumplíamos el tercer año de nuestra estancia en tierras de Judea, cuando se produjeron los hechos que marcaron para siempre nuestras vidas.
El domingo anterior a la festividad, Jesús había entrado en Jerusalén sobre un borriquillo de la cercana población de Betfagé, siendo aclamado por una multitud. Judíos de todas las edades, esparcían ramas frescas de palma que cortaban a su paso, mientras que otros cubrían el camino con sus prendas de vestir.
Sus discípulos, poseídos de un miedo atroz a que lo arrestaran, no paraban de mirar de un lado a otro. El viernes de aquella misma semana, me encontré con María Magdalena. Ésta, que iba acompañada de Marcos, me buscaba cerca del atrio de los gentiles, donde en ocasiones solía acudir a oír al ‘Galileo’. Sus rostros expresaban la tristeza del momento.
Jesús había sido arrestado durante la noche del jueves, en un huerto llamado ‘de los Olivos’, y lo habían conducido al Sanedrín ante los sumos sacerdotes Anás y Caifás.
Por José de Arimatea, un anciano miembro del Sanedrín y seguidor de Jesús, supieron de la inmediatez del traslado de éste ante el tribunal de Poncio Pilato, mi esposo. La causa eran las acusaciones vertidas contra él por los sacerdotes. En su doctrina, afirmaba aspectos que estaban en contra de la interpretación severa de la Ley, que hacían los sacerdotes y fariseos. Pero lo que acabaría por convertirlo en objeto de destrucción por las autoridades religiosas, fue su afirmación: << el Padre y yo somos una misma cosa. >>
Esta era una horrenda blasfemia para los fundamentalistas hebreos, representados por la mayoría de los sacerdotes. Sin embargo, a los judíos del tiempo de Jesús, no les era lícito ni degollar una cabra, sin el consentimiento de los romanos. Los sacerdotes y fariseos, llevaban tiempo buscando la manera de hacer desaparecer de sus vidas a este profeta. Pero la gente del pueblo, cada día estaba más pendiente de sus palabras y acciones.
Su mensaje desprendía amor y compasión, lo que ejercía sobre ellos un influjo importante. Además, estaban sus milagros: curación de enfermos, leprosos, ciegos y la resurrección de su amigo Lázaro, cuando éste enfermó, murió y fue enterrado. Pronto los presentimientos de José se hicieron realidad. Jesús compareció ante Pilatos en el Pretorio de la Fortaleza Antonia (atrio del juzgado romano).
Durante aquellos años de estancia en tierras de Judea, Pilato había acumulado un odio feroz hacia los judíos. No estaba dispuesto ni a prestar ni favorecer ninguna de las intrigas doctrinales de los fariseos y sacerdotes.
Durante el interrogatorio Poncio no encontró nada que le hiciese culpable ante la ley romana. Mi esposo queriendo suavizar su relación con el tetrarca de Judea, Herodes, decidió enviarle a Jesús, alegando falta de jurisdicción sobre éste. Pero Herodes pronto lo devolvió.
En un intervalo del juicio, por medio de Flavio, recordé a mi esposo el sueño que había tenido antes de su nombramiento como gobernador de Judea. Una voz me había transmitido lo que se estaba fraguando contra Jesús. Le insistí en que no se mezclase en la muerte de un inocente.
Pilato, en un intento por evitar la crucifixión, decidió darle un castigo ejemplar, y ordenó que se le diera una tanda de latigazos. Lejos de aplacar a los guardianes de la ley y a los fariseos, hizo que éstos se volcaran más en animar al pueblo a gritar ‘¡crucifixión!, ¡crucifixión!’
Los sacerdotes no querían renunciar a la ocasión tanto tiempo perseguida, por lo que escenificaron un absurdo complot según el cual, Jesús se habría proclamado ‘rey de los judíos’.
Esta acusación si representaba una clara amenaza a la autoridad de Roma, lo que obligó a Pilato a dictar sentencia, pese a su convencimiento de que era inocente. La misma sería de muerte en la cruz.
Cuando me enteré de la sentencia, tomé la decisión de seguir a Jesús hasta el mismo Calvario, pero Flavio centurión encargado de mi seguridad, me aconsejó evitar la chusma que iba acompañar el macabro cortejo.
Vestida de sirvienta abandoné junto a Marcia y Flavio, la fortaleza Antonia. Por caminos paralelos nos dirigimos al lugar de la ejecución. El recorrido iba a ser muy duro. Después de la flagelación de Jesús, a su cuerpo débil, aún le quedaba el penoso transporte del madero de su cruz. El emplazamiento para la ejecución se llamaba Gólgota o lugar de la Calavera y se encontraba a unos 650 metros del Pretorio, pero con un desnivel en ascenso.
Cuando llegamos al sitio, aún no habían comenzado a llegar las turbas que acompañaban el pelotón de ajusticiamiento, junto a los tres reos condenados a la pena capital. Nos apoyamos en unas rocas, al pie mismo del Gólgota.
Desde esa posición, podíamos ver y oír cuanto sucediera en el conjunto del paraje. Al tiempo, nos permitía tener la visión de los tres postes verticales encajados en tierra, sobre los que colocarían los brazos de la cruz.
Comenzó a llegar hasta nosotros, el sonido del bullicio de la turba. Los soldados, de vez en cuando, tenían que empujar a la gente para conseguir un espacio suficiente para los condenados.
Llegados al Gólgota, comenzó el trabajo de los soldados. Los reos fueron desnudados uno a uno. Después, les ofrecieron un brebaje de vino aromatizado para adormecerlos, y atenuar así su sufrimiento, pero cuando la oferta llegó a Jesús, éste la rechazó. (Mt 27, 34)
Después tirándolos a tierra, les clavaron por las muñecas al madero, que cada uno había llevado hasta allí. Con una soga y una escalera, los elevaron ‘cual árbol’. Primero a los dos rufianes, después a Jesús que quedó en medio de ellos. Ajustaron los maderos con los reos a la parte superior de cada poste.
Mientras esto ocurría al pie del Gólgota, María me relató los sucesos acaecidos durante el camino recorrido: << Jesús ha caído tres veces y el centurión Longinos ha decidido que un civil llamado Cirineo, que pasaba por allí de regreso de su trabajo, cargase con el madero hasta aquí >>
Los pies de los condenados fueron clavados a una pieza de madera, que después fijaron al poste vertical. Los gritos agudos de dolor penetraban en los oídos de todos los asistentes.
El momento era angustioso y doloroso, puesto que el peso del cuerpo inerte, desagarraba tejidos y tendones de las muñecas, provocando la muerte por agotamiento y asfixia.
La curiosidad morbosa que provocó el ajusticiamiento, hizo que se congregase gente a su alrededor.
Si bien, éstos poco a poco, marcharon del lugar para ir a preparar la fiesta de la Pascua. Quedaron en el Gólgota, un reducido grupo de familiares y amigos de Jesús, junto a la tropa romana.
“Después de la crucifixión de Jesús, los soldados tomaron sus vestidos e hicieron cuatro lotes, uno para cada uno. Tomaron también la túnica, que estaba tejida de arriba abajo en una sola pieza sin costura.
Se dijeron unos a otros. “No la rompamos, sino echemos a suerte a ver a quien le pertenece.”
Así debían cumplirse las palabras de las Escrituras: “Se repartieron entre ellos mis vestidos y echaron a suertes mi túnica. Eso hicieron los soldados”.
Sobre la cabeza de Jesús pusieron por escrito el motivo de la condena: ‘Este es Jesús el Rey de los Judíos’
El ladrón situado a la izquierda de Jesús, lejos de mostrar arrepentimiento por su culpa, decidió burlarse de él. Había oído contar que éste ha dado de comer a la gente y ha efectuado curaciones milagrosas. Además, y según todos los rumores, no era culpable. Sin embargo, iba a ser ajusticiado al igual que él, que sí merecía el castigo.
Dimas, nombre por el que era conocido el otro malhechor, optó por enfrentarse a su compañero de fechorías. Le pidió respeto y paz para Jesús, ante los momentos que había de vivir. Por esta actitud, recibió la promesa del mismo Jesús, de estar aquel mismo día, ‘con Él en el paraíso.’
Entre los pocos que quedaban cerca del pie de la cruz, María su madre. Ésta lloraba en silencio por el sufrimiento del hijo amado, mientras a su lado, Juan intentaba consolarla. Junto a ella María Magdalena y otras mujeres que le habían acompañado durante su predicación.
La muerte se hizo presente, mostrándonos todo lo que tenía de aterrador: en este caso, el sufrimiento corporal por el inacabable agotamiento y dolor de los condenados, a muerte de cruz.
En una ocasión, había oído decir a María Magdalena, que en el Antiguo Testamento libro sagrado de los judíos, hay una convicción arraigada, y es que Dios siempre acudía en ayuda de los justos.
A ello se referían los que presenciaban la ejecución: ‘Si eres el Hijo de Dios, sálvate a ti mismo, y baja de la cruz’ (Mt 27, 40) Sin embargo, Dios guardó silencio en esa hora, lo que convirtió a ese momento en el más ignominioso, porque este silencio parecía dar la razón a quienes lo habían condenado.
Junto a Flavio y Marcia, contemplamos mudos el aterrador espectáculo que suponía la crucifixión. No acertábamos a comprender, del porqué de la crueldad empleada contra él.
Triste recompensa para un hombre, que durante su estancia entre los de su pueblo, había practicado el bien. Ahora, estaba colgado de una cruz, escarnecido y brutalmente golpeado, sin que nadie saliese en su defensa.
Después de la hora sexta, la oscuridad cayó sobre la tierra al irse cubriendo el cielo de nubes oscuras y amenazantes.
Alrededor de la hora nona, Jesús exclamó: << Eli ¿lamá sabactari? >> O lo que es igual ‘Dios mío Dios mío ¿por qué me has abandonado?’ Algunos de los que pasaban por allí, interpretaban que llamaba a Elías.
Más tarde Jesús dijo: << Tengo sed >>. Había una vasija de vinagre en las proximidades, donde empaparon una esponja en ella. Con una rama de hisopo se la acercaron a la boca. Cuando probó el vinagre dijo: ¡Todo está cumplido!, e inclinó la cabeza y expiró.
En ese momento la tierra tembló. Las rocas se rajaron, mientras el agua y el viento azotaban la escena. Días más tarde, comentarían los visitantes al Templo, que hasta ‘el velo’ que separaba ‘el lugar santo’ se había rasgado de arriba abajo como consecuencia del temblor que sufrió Jerusalén.
El centurión y los soldados que custodiaban el lugar, ante los hechos que se desarrollaban delante de sus ojos, manifestaron: ‘Verdaderamente éste era el Hijo de Dios’
El cuadro no podía ser más desolador. A derecha e izquierda dos condenados y ajusticiados por sus fechorías. En medio de ellos un hombre inocente. Su único delito, denunciar a la clase sacerdotal de no estar al servicio del pueblo, al que agobiaban con un exceso de leyes e impuestos, para mantenerse ellos.
Próximos a la cruz, el grupo de soldados al mando del centurión Longinos, que habían ejecutado la sentencia de acuerdo con las leyes romanas. Siguiendo con su cumplimiento, les rompieron las rodillas a los dos ladrones, mientras, que a Jesús dándole ya por muerto, le atravesaron una espada en el costado derecho, del que manó agua y sangre.
Cómo explicarían los Apóstoles después de la Resurrección, Jesús con este acto de obediencia al Padre, asumía todos los errores de la humanidad y abría unos nuevos tiempos. El hombre entraba en contacto directo con Dios, a través de su Hijo Jesucristo. Renacía el orden establecido en el momento mismo de la creación, con anterioridad a la caída de nuestros primeros padres, Adán y Eva.
Iniciado el descendimiento por motivos de la fiesta de la Pascua, emprendimos el camino de regreso a la fortaleza Antonia. Durante el camino Marcia me interrogó:
—Ama ¿todo ha acabado aquí? —Y sin parar de andar añadió — ¿No le acompañaban doce amigos? ¿Cómo no estaban aquí?
Guardé silencio, ya que no tenía respuestas en ese momento. Los hechos vividos me habían dejado turbada. Los ojos llorosos y con una gran pena dentro de mi corazón, reflejo de la tristeza al pensar en el hombre bueno que habían crucificado. Todo había acabado.
La segunda noche después de la crucifixión, un nuevo temblor de tierra sacudió Jerusalén y parte de Judea. Fue una breve y ligera réplica, que no produjo daños. Sin embargo, días más tarde cuando a través de María Magdalena conocí la noticia de la insólita resurrección, hizo que dentro de mí naciera una luz de esperanza al empezar a comprender, que todo lo vivido no iba a ser en vano.
La imagen vista y retenida del cuadro del Calvario, ahondó y fructificó en nuestros corazones. Cuando tiempo después los apóstoles celebraban la Resurrección, Marcia, Flavio y yo, hacíamos reconocimiento y aceptación de Jesús como el Hijo de Dios. Por mi parte caí en un angustioso silencio. Me cerré en mí misma, para no mostrar mi total desprecio a la persona que amaba. No podía huir de Poncio, pero la crueldad por él demostrada bajo la justificación de obedecer las leyes romanas, no me permitió nunca más mostrar mi amor hacia él.
¡Qué lejos estaban aquellos años de enamoramiento! Había descubierto a una persona inestable, cobarde, ingenuo y pusilánime.
Con el tiempo supe que mi matrimonio con Poncio, había sido una maniobra de mi primo Tiberio. Él había aceptado el matrimonio por cobardía. Aun así, hoy sigo pensando en él. Le di todo y le acompañé resignada a Judea.
Los hechos ocurridos cambiaron a Poncio. Su incapacidad en aquel juicio, acabó por volverle más cruel. Ejemplo de esa crueldad, fue la represión emprendida contra los samaritanos en Gari Sin. Ante una serie de actuaciones poco políticas, permitió a las autoridades judías acusar a Poncio ante el gobernador (legado) de Siria.
El resultado de estas acusaciones, llevó a Vitelio a suspender a Pilato de su puesto de gobernador, ordenándole el regreso a Roma para ser juzgado por el César, después de diez años de estancia en tierras de Judea.
Bajo el imperio de Calígula, cayó en desgracia y fuimos exiliados a la ciudad de Vienne en la Galia. Ahora fallecidos todos mis seres queridos, se abre ante mí una nueva etapa.
El Apóstol Pedro, aquel que negara a Jesús aquellos dolorosos días en Jerusalén, antes de desplazarse a Roma, me ha hecho llegar una carta en la que me anima a ir a Filipo. Allí podré colaborar con un grupo de mujeres, que están ayudando a Timoteo. Ellas dedicaban su vida, a la difusión de la Palabra de aquel ‘Galileo’ que yo había visto morir en la cruz, a pesar del mensaje de amor que él nos proponía. El impacto del árbol de la vida elevándose hacia el cielo, ha calado en mi alma.
Ante mi soledad en Roma, he decidido incorporarme a la misión de ayudar “a otros” para dar a conocer a este Cristo que dio su Vida, para rescate de la humanidad entera. Con mi marcha a Filipo, pretendo compensar en parte el daño causado por mi esposo. Dentro de unos días, todas las posesiones que he heredado de Poncio, serán vendidas y el producto de su venta, repartido entre las diversas comunidades cristianas que están naciendo. Los cristianos somos perseguidos y rechazados por los romanos, lo que hace que algunos padezcan dificultades para su subsistencia. Espero que este ejemplo arraigue entre los notables romanos que abracen el cristianismo.
Marcia mi sirvienta fiel, a la que después de la crucifixión concedí la carta de libertad, tendrá en usufructo la casa en el Esquilino. Flavio será su compañero el resto de sus vidas.
Esperamos la llegada de Pedro a Roma. Él celebrará la boda de ambos y yo partiré después a mi nuevo destino. Esta vez el sabor de boca será agridulce. Nuevamente abandono Roma, pero esta vez el objetivo es gratificante.
Las luces del jardín ya se están apagando. Marcia está recogiendo las cosas para retirarse. Yo debía hacer lo mismo. Seguro, de que otro día estos recuerdos volverían nuevamente a mi pensamiento.

viernes, 19 de junio de 2015

CUADERNO DE RELIGIÓN, HISTORIA Y POLITICA

A continuación adjunto el índice e introducción y primer apartado de mi trabajo Religión,Historia y Política
ÍNDICE:
* INTRODUCCIÓN
* VIDA DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS
* RELIGIÓN Y POLÍTICA I
* RELIGIÓN Y POLÍTICA II
* GUERRA DE LAS INVESTIDURAS
* EL MONACATO
CUADRO RESUMEN
* ANÁLISIS DE LA REGLA DE SAN BENITO
* EL CRISTIANISMO Y LOS PUEBLOS GERMÁNICOS
* LA REFORMA PROTESTANTE
* EDAD MEDIA Y RELIGIÓN
* anexo 1
* REFLEXIÓN FINAL
* CONCLUSIÓN
INTRODUCCIÓN
Siguiendo con la idea, ya expresada en algunos de mis escritos anteriores, de ir publicando poco a poco los diferentes trabajos efectuados durante mis estudios de Teología, hoy me permito afrontar de manera sintética, no sólo como era la vida de los primeros creyentes, antes y después del edicto de Tesalónica, sino una fotografía de parte de la Edad Media. Al hacerlo también contemplaremos, la relación existente entre la Religión y la política, la guerra de las investiduras, el nacimiento del monacato, aportación del cristianismo a la sociedad entre ellos a los pueblos germánicos, la reforma protestante etc.
VIDA DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS
Antes del edicto —No podemos evitar al hablar del cristianismo y de sus primeros seguidores, hacer una referencia a la situación que se vivía, en el lugar donde tiene origen su nacimiento. Palestina en el siglo I, es un cruce de caminos tanto por el número de culturas como de religiones existentes (judíos, griegos, romanos…).
A éstos hay que añadir los pueblos circundantes. La vida de los primeros cristianos, no fue nada fácil en su camino hacia la fe. Hemos de partir del hecho destacable, de que Jesús y sus seguidores fueron judíos y de que sus enseñanzas tomaron como base las escrituras hebreas. Inicialmente fueron considerados como un grupo o secta dentro del judaísmo. Participaban de la oración en el Templo y cumplían con algunas prescripciones judías.
El incipiente cristianismo continuó utilizando las escrituras judías, aceptando de hecho algunas doctrinas fundamentales del judaísmo, tales como el monoteísmo y la creencia en su deidad Yahveh, así como la creencia en un Mesías. Vemos señalado en el Nuevo Testamento, que aun así las enseñanzas de Jesús no fueron vistas con buenos ojos, por la mayoría de los líderes religiosos del momento.
Esto le llevó a ser denunciado por los mismos y conducido ante el Sanedrín. Acusado ante Pilatos de ser el Hijo Dios, fue condenado a sufrir muerte en la cruz. El núcleo inicial de creyentes eran judíos y según el libro de Los Hechos de los Apóstoles 1, 15 no eran más de 120. Si bien después de Pentecostés, alcanzaban la cifra de 3000 convertidos.
Estos seguidores que abrazaban la nueva doctrina, eran sólo judíos. (Hechos de los Apóstoles 2). Durante todo el siglo III, y a medida que trascendía la difusión de la doctrina, fue creciendo el número de éstos. Sin embargo, es a partir de la conversión del oficial romano Cornelio, cuando se llega a convertir en la religión dominante. Este oficial será considerado por la historia, como el primer gentil que aceptaba el cristianismo.
Sin embargo, pronto aparecen las primeras tensiones internas entre los Apóstoles y el grupo de familiares de Jesús, representados por Santiago (el llamado hermano de Jesús). Los motivos eran tanto de estructura como de finalidad. En la época de la primera guerra judía (año 62) Aniano Sumo Sacerdote del judaísmo, hizo prender a Santiago que regía la Iglesia de Jerusalén y le hizo ajusticiar. Con esta muerte la comunidad de Jerusalén desaparece.
Las comunidades creadas por Pablo son más abiertas y sin tantos vínculos con el mundo judío. Pero nuevamente surge el conflicto. Los primeros cristianos judíos piensan, que los que se incorporan a la doctrina deberían aceptar el resto de costumbres judías como la circuncisión. Llevada esta cuestión al Concilio de Jerusalén, la misma queda zanjada determinando, que la circuncisión no era un requisito para los nuevos convertidos. Durante el imperio romano las persecuciones fueron continuadas y si bien fueron diversas, su causa no siempre fue la misma. Destacan por su importancia, la gran persecución del año 250 durante el gobierno del emperador Decio y la última en el año 303 con Diocleciano. Las acusaciones que se les imputaba eran de toda índole.
De entre todas destacamos algunas:
* Eran seguidores del alguien que había sido condenado a muerte.
* No tenían altares dedicados a los dioses.
* No adoraban a ninguna divinidad imperial.
A partir del siglo IV (año 313) el emperador Constantino promulga el Edicto de Milán, por el que se concede la libertad de culto en todo el imperio. El emperador Teodosio I se encontró con un imperio dividido, con una profunda crisis económica y una pérdida de autoridad.
Ante esa situación procede a la promulgación del denominado “Edicto de Tesalónica” El Edicto —En el año 380, durante el mandato del emperador Niceno Teodosio I, se promulga dicho edicto. A través del mismo, el cristianismo pasa a ser la religión oficial del imperio. Por este acto, el emperador se convertía en el fundador de la Iglesia católica de Estado. A partir de esta nueva situación, son las religiones paganas las perseguidas, sus templos cerrados o destruidos. En el año 392 el cristianismo es declarado religión única y exclusiva, considerando cualquier otro culto como un delito de alta traición.
Después del Edicto —Esta nueva situación comportó una serie de ventajas e inconvenientes.
Ventajas:
* Su aceptación permite de forma más rápida la expansión del cristianismo, al no sufrir persecuciones.
* Con su reconocimiento la Iglesia obtiene un fuerte prestigio en la sociedad y en el poder civil.
* Los obispos se convierten en Magistrados de la sociedad romana.br> * Reforma del culto.
* Se obtiene una importante reforma de las costumbres (desaparece la crucifixión)
Inconvenientes:
* La libertad de la Iglesia queda condicionada por el poder civil. Hay una intromisión del poder civil en la vida de la Iglesia.
* Al incorporarse ésta en la estructura del poder, el clero se va separando de la comunidad
* El cristianismo se impone con métodos no siempre evangélicos.
* Se entra a formar parte de la comunidad a través del bautismo. Pero los motivos por los que se incorporan son variados y no sólo por la adhesión a la fe
A la Iglesia la proclamación del Edicto de Tesalónica y la oficialización del culto, no puede decirse que no le afectara. El emperador como máxima autoridad del imperio, incluyó el sacerdocio en el funcionariado del mismo, lo que en la práctica los situaba bajo su mandato.
En este período se generan fuertes tensiones entre la Iglesia y el Estado, fruto de ello es la excomunión que sufría el propio emperador en el año 390 y que fue decretada por San Ambrosio, tras la revuelta y posterior matanza en Tesalónica. La prohibición de que entrase en la Iglesia y una larga penitencia, fueron los hechos que motivaron, que en el año 392 se publicase el decreto que prohibía los sacrificios paganos. Una inmensa masa social se tuvo que adaptar a profesar una religión que no era demasiado acorde con las costumbres morales de su civilización.
Al amparo de este decreto se inicia una nueva represión contra la población pagana, que tiene su culmen con la destrucción de la biblioteca de Alejandría. Los hechos cuentan con la participación de Teófilo, patriarca de la ciudad. Este aumento de nuevos “fieles” provoca que el cristianismo deba salir de las catacumbas, para ofrecer una nueva imagen a un público nuevo.
Bibliografía:
Apuntes curso Teología
Historia del cristianismo Wikipedia
Edicto Tesalónica Wikipediabr> Artehistoria.com

martes, 4 de febrero de 2014

EDAD MEDIA Y RELIGIÓN

A continuación se desarrollan diversos aspectos de la vida religiosa durante el período de la Edad Media.
El movimiento jansenista y su relación con las iglesias reformadas
El lento transcurrir de la edad Media a la edad Moderna, estuvo caracterizado desde el punto de vista religioso y eclesiástico, por una profunda crisis que fue a la vez de decadencia y crecimiento.
Decadencia en las costumbres, ya que se produjeron abusos en la administración eclesiástica, que fueron la causa pero también el efecto de una merma de la vitalidad interior y comunitaria. Sin embargo, estas críticas no condujeron a la indiferencia sino a la exigencia de dar vida a nuevas formas de existencia religiosa.
La gran ignorancia del clero bajo y de los fieles, privados éstos últimos de una predicación eficaz, terminaban por acoger a menudo devociones supersticiosas. Durante la Edad Media, el miedo al castigo que merecían los pecados y el temor a perder la salvación eterna, provocaba inquietud en el hombre. La Iglesia concedía indulgencias, o sea el perdón de los pecados, a todos los que realizan obras de caridad, peregrinajes, oraciones o emprendían una cruzada. Por sí sola esta indulgencia no tenía ningún valor; debía ir acompañada por la plegaria y la frecuencia de los sacramentos: confesión y comunión.
A finales del medievo, la angustia espiritual crece en el hombre. La Iglesia comienza a aceptar limosnas a cambio de indulgencias, pero en ningún momento ésta señaló fuese como condición única y necesaria, para conseguirlas. Sin embargo, en su desesperación el hombre interpreta que puede “comprar” su salvación futura.
Todo ello lleva aún mayor desprestigio el ámbito sacerdotal. La negación de los Sacramentos y de la jerarquía eclesiástica por parte de WICLIFFE Y HUSS. Pasión por la palabra escrita. Son algunos de los aspectos que se pretenden mejorar con la Reforma.
Mientras que el jansenismo por su parte, es un viejo problema teológico de la historia del cristianismo no solucionado. Así quedó claro al acabar el Concilio de Trento sobre el decreto de la justificación.
“Conciliación de la Gracia divina con la libertad humana a efectos de la Salvación”. Según el Concilio de Trento no basta la Gracia Divina para obtener la salvación sino, que son necesarias las buenas obras. Para Jansen el hombre en estado de inocencia es plenamente libre y su voluntad tiende al bien. Cuando el hombre por su naturaleza cae, deja de ser libre y es esclavo de la detección terrestre. La salvación no llega a todos los hombres ya que sólo algunos reciben la gracia eficaz capaz de salvarles. Por el contrario hay otros que no la reciben y son condenados por el efecto del pecado original.
La tendencia jansenista reaparece de vez en cuando en la Iglesia, quedando dibujada por:
* Exaltación de la gracia contra la libertad y la responsabilidad de la persona
* Estimulación del sentido del misterio.
* En la eucaristía, predominio de la adoración sobre la dimensión del alimento espiritual.
* Idealización de la Iglesia primitiva, negando la importancia del devenir histórico.
Diferentes actitudes de la Iglesia frente a la Ilustración y los movimientos revolucionarios.
Los mismos hechos no provocan las mismas consecuencias en todos los lugares.
Francia- El papa León X otorga al rey la elección de los obispos, que éste efectúa entre los miembros de la nobleza. Éstos quedan al servicio del rey con misiones diplomáticas o cargos en el interior del aparato administrativo y político.
En la Asamblea de los estados generales, el clero renuncia a sus privilegios entre ellos los diezmos. Con la nacionalización de la Iglesia, ésta se queda sin rentas para mantener el clero. Un comité eclesiástico prohibe los votos solemnes y suprime órdenes religiosas.
Galicanismo: Reducción de los miembros del estamento eclesiástico a funcionarios “religiosos”. Al asumir los principios de la autoridad civil: adecuación del número y límite de los obispados, supresión de cualquier vinculación a cualquier autoridad de fuera del país (Roma y el Papa), escala salarial a cuenta del erario público según el cargo y lugar de destino.
La constitución debía ser aceptada mediante juramento. División de la Iglesia francesa en juramentados y no juramentados. Los primeros tenían obligación de contraer matrimonio. Se radicalizan las medidas antirreligiosas, supresión calendario gregoriano, creación del culto a la diosa razón etc. Lo que provoca la emigración de muchos eclesiásticos.
España -La guerra de la Independencia es considerada en nuestro país como una guerra de religión. Los eclesiásticos, Obispos y sacerdotes toman parte inclusive en las partidas guerrilleras liderando las mismas. Esto provoca que los conventos sean registrados en busca de armas: Así los religiosos quedan en arresto domiciliario, teniendo que explicar a las autoridades en el caso de atender a algún enfermo nombre y dirección.
El clero se niega a hacer uso del papel sellado francés para los actos administrativos, renunciando a las libretas de comunión.
A lo que no pudieron oponerse fue a la requisa de la plata y al pago de los impuestos por la venganza que hubiesen tomado las autoridades contra el pueblo.
Regalismo en las relaciones de Iglesia –estado.
Durante las cortes de Cádiz la política religiosa fue de marcado signo regalista.
Supresión de la Inquisición, retorno a la antigua disciplina intentando poner en marcha un concilio nacional según el esquema de los concilios visigóticos, supresión de los señoríos, reforma de los religiosos tendiendo a su reducción, abolición del voto de Santiago sustituyéndolo por el de Santa Teresa de Ávila.
El estatuto de Bayona establecía que la religión Católica era la religión del rey y de la nación sin permitir que hubiese otra.
La nueva sociedad – El origen de esta nueva sociedad tiene su origen en el principio fundamental de que la autoridad procede del pacto o contrato social y por lo tanto es el principio regulador de las relaciones entre el estado y la Iglesia.
Con él se establece una separación entre el orden político – civil - temporal y el orden espiritual – religioso - sobrenatural.
Queda totalmente superado el principio de religión oficial y se afirma la libertad de conciencia y de culto. Esto lleva a que el clero deje de ser un estamento privilegiado. Pierde privilegios de exención de impuestos, de asilo en los lugares y de fuero judicial.
Las leyes civiles no tienen ningún punto de referencia en las canónicas. Son claros ejemplos, la legislación sobre el matrimonio y sobre la imprenta, así como la puesta en marcha del registro civil, que deja en segundo término a los libros sacramentales, que sólo tendrán valor eclesiástico.
Como dicen algunos autores, a la Iglesia se le confía el individuo y la conciencia y el estado asume lo colectivo: la comunidad. En consecuencia su situación es de ejercer como brazo secular y reivindica la enseñanza, la asistencia benéfica y los cementerios.
En este período se dan tres situaciones.
En EE.UU de Norteamérica: pura separación: En el art. 16 de la “Declaración de derechos” Virginia 1776. Después de definir, que la religión es el deber que tenemos con el creador y la manera de hacerlo, establece que todos los hombres tienen el mismo derecho al ejercicio libre de la religión de acuerdo con los dictados de su conciencia.
En Bélgica: Separación parcial: Dada su composición de dos tercios de católicos, lleva a que la constitución reconozca la libertad religiosa, se acepte la libertad de enseñanza, la libre asociación religiosa la retribución del clero a cargo del estado y la total libertad de elección de los obispos.
En 1846 se rompe la alianza católico-liberal, encaminándose progresivamente hacia el anticlericalismo.
Situación concordataria: Francia y España. La restauración de los borbones devuelve la Iglesia a la situación del concordato de 1516, dejando sin efecto el firmado por Napoleón.
El nuevo proyecto de concordato no es aprobado por las cámaras, por lo que se vuelve al concordato de 1801 con ciertas modificaciones.
Pese al fracaso, siempre que se podía se retornaba al galicanismo, lo que daba a la Iglesia el privilegio en temas como la enseñanza, la obligatoriedad de las fiestas eclesiales y otros como la ley del sacrilegio; a cambio la Iglesia daba su apoyo al poder civil, poniendo en marcha planes para conseguir la pacificación y combatir las ideas que habían conducido a la revolución.
El resultado de este pacto fue el anticlericalismo, que se haría evidente en la revuelta de 1830. Las ordenaciones crecieron procedentes del mundo rural y con un nivel medio de estudios. El crecimiento de la Iglesia fue notable, pese al ambiente de descristianización, que se manifiesta tanto en las ordenaciones presbiterales como en vocaciones religiosas y el número de escuelas fundadas en este período.
España: Al regreso en 1814 de Fernando VII da comienzo la restauración que lógicamente afecta también al campo religioso. Ésta conlleva la devolución de conventos y propiedades a los religiosos desamortizados, se restablecía la Inquisición, se readmitían los jesuitas y el trono y el altar volvían a hacer patente su apoyo mutuo.
Lo ocurrido, manifestaba problemas en la Iglesia española, que contaba con una distribución irregular del clero, deficiencia en los seminarios y planes de preparación de los futuros presbíteros. El golpe de estado del general Riego provocó que el rey aceptara la Constitución de Cádiz. La invasión francesa, provoca la secularización, venta de bienes eclesiásticos, supresión de la Inquisición, (se sustituyó por la Junta de Fe) expulsión de los jesuitas de los señoríos eclesiásticos y un conjunto de medidas de corte regalista.
El resultado de la exclaustración fue fatal desde el punto de vista pastoral, ya que el estado asumía en los decretos de exclaustración y desamortización, la obligación de Éste se vuelve a apropiar de los bienes de la Iglesia, principalmente de las órdenes religiosas. En primer lugar se suprimen los jesuitas y las casas monásticas a excepción de Montserrat y Poblet si bien no podían admitir nuevos candidatos.
También se dio paso a la vida pastoral a gente poco preparada, que procedía del mundo rural. Un efecto colateral fue en cambio, el crecimiento de institutos religiosos femeninos. Grupos de chicas que animadas por un exclaustrado las unía para una tarea en común, la más frecuente la enseñanza de las niñas y la asistencia benéfica en los hospitales y asilos.
A la llegada al poder del general Narváez, se empezó a hablar de negociar con Roma un concordato: el del año 1753 adaptado a la nueva situación del país. En el nuevo concordato se manifestaba la catolicidad del estado español, con “exclusión de cualquier otro culto” y se ratificaba que la enseñanza en todos sus niveles quedaba bajo la vigilancia de la jerarquía católica.
Se establecía la dotación económica del clero y de los seminarios, así como el mantenimiento de los lugares del culto y se reconocía la capacidad legal para la adquisición de bienes inmuebles.

domingo, 1 de diciembre de 2013

LA REFORMA PROTESTANTE

Al comentar la reforma protestante lo hacemos al mismo tiempo, de todas aquellas derivaciones de la misma (luteranismo, calvinismo, Zwinglio, Cisma de Inglaterra y el movimiento anabaptista) y lo haremos siguiendo los diferentes puntos de vista:
a) doctrina teológica
Cada una de las reformas enunciadas, tienen diferentes puntos de vista al iniciar su transformación.
EL LUTERANISMO —En un momento de su vida religiosa dentro de la Iglesia Católica, Lutero observa como las “bulas” se han convertido en un mercadeo. Esto que en un principio podía ser una crítica a una actuación, se convierte en una exposición de diversos temas, que le conducirán a la separación y a un enconado enfrentamiento con Roma. La base de la doctrina luterana es la justificación por la fe. Haga lo que haga el hombre, es un pecador ante Dios. Su salvación no depende de él. La da Dios como don gratuito a los que creen en él. Para los luteranos, el cuerpo y la sangre de Cristo están presentes, real y sustancialmente y conjuntamente en la sustancia del pan y el vino (consubstanciación). Sumisión total a la autoridad de la Biblia. Es la única fuente doctrinal. Enseñanza a través del catecismo. Rechazan el Purgatorio /la supremacía papal / la virginidad perpetua/ la oración a los muertos.
CALVINISMO —Se opone a la doctrina de Lutero en dos puntos: La teoría de la eucaristía y en de la predestinación.
* ELECCION PARTICULAR. Dios escoge un determinado número de criaturas destinadas a la salvación.
* REDENCIÓN PARTICULAR. El sacrificio de Cristo ha rescatado a los elegidos y sólo a ellos.
* EL PECADO ORIGINAL. Invalida moralmente al hombre.
* GRACIA IRRESISTIBLE. Gozan de ella los elegidos.
* LOS ELEGIDOS. Están salvados definitivamente.
ZWINGLIO — Consideran el pecado como una enfermedad. La Biblia como valor único. Excluido todo lo que no está en ella. Válidos sólo los sacramentos del Bautismo y la Eucaristía. Las imágenes y los rituales católicos deben ser abolidos. La salvación está asegurada mediante el sacrificio original de Cristo en la cruz. Más tarde se unirán al calvinismo.
CISMA DE INGLATERRA —Supremacía de la Biblia. Única autoridad doctrinal. Aceptación del credo de los apóstoles y el credo de Nicea. Reconocimiento del bautismo y de la eucaristía como sacramentos principales. Negación de la autoridad papal.
ANABAPTISTA —Todos los creyentes son sacerdotes. La Biblia como única guía doctrinal. Se oponen a la formulación de credos, aceptando la Biblia como el único credo. Creen en el sábado como día de reposo. Se oponen a la doctrina del Purgatorio. Efectúan el Bautismo por inmersión completa y esperan la segunda venida de Cristo.
b) relación con el poder civil
Luteranismo —Carlos V convocó la dieta de Worms para que Lutero explicase su reforma al emperador. Lutero se niega a retractarse y en 1521 se proclamó la proscripción, pero ésta no fue aceptada por numerosas ciudades libres y señores. Sin embargo a medida que se extendía la reforma aparecieron agrupaciones de señores que se hicieron con el control del movimiento quedando Lutero relegado a un segundo plano.
Calvinismo —Guillermo Farell antiguo compañero de Calvino pidió ayuda a éste para pacificar Ginebra. Aceptó la invitación y propuso conseguir la unificación de la fe y en consecuencia establecer la organización ciudadana de acuerdo con la confesión Religiosa. Dos años más tarde, sus opositores consiguieron el control del Consejo de la ciudad y ambos fueron desterrados. En 1541 los partidarios de Calvino y Farell consiguen nuevamente el control del Consejo y les piden que retornen. Calvino implanta la reforma en la ciudad de Ginebra.
La iglesia de Inglaterra —Tal vez es aquí donde se percibe una mayor actuación del poder civil. El conflicto se inicia al enamorarse Enrique VIII de Ana Bolena. El Rey solicitó al papa la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón. Como consecuencia de la negación por parte del papa, a las pretensiones del Rey de proceder a la anulación de dicho matrimonio, Enrique VIII opta por destituir al legado papal por Cranner, al que nombra arzobispo de Canterbury y primado de Inglaterra. La ruptura con Roma se irá profundizando hasta la creación de una Iglesia propia. El poder civil asumirá el gobierno de la Iglesia.
Zwiglio —Los cantones de Berna, Sankt Gallen, Schffhaussen adoptan la reforma de Zwiglio y comienzan los enfrentamientos contra los cantones católicos. En la batalla de Kappel muere Zwiglio.
Anabaptistas —Estos eran reformistas radicales o rupturistas. Se incorporaron en 1490-1525 a los campesinos sublevados con la idea de crear una nueva Sión.
Rasgos especiales de la Contrarreforma Católica
Para contrarrestar la reforma protestante, la Iglesia Católica se reformó a sí misma. La base de esta reforma fue el Concilio de Trento. Si bien cuando se hace ya es tarde para evitar la ruptura. Ya desde mucho antes de producirse todos reclamaban una reforma interna de la Iglesia. Lutero reclama un Concilio Ecuménico o Universal, que pudiera reglamentar las cuestiones en litigio. Este Concilio no pudo celebrarse de manera continuada ya que se vio interrumpido por las guerras sucesivas que fueron produciéndose. Su duración real fue de ocho años.
Aspectos que se tuvieron en cuenta:
* Rechazo a la Biblia como fuente única. Para los católicos son tan importantes la Sagrada Tradición Apostólica y el Magisterio de la Iglesia que junto con la Biblia forman el único depósito de la fe.
* Mantenimiento de los siete sacramentos, que los protestantes querían reducir a dos. En éste Concilio se afirmó la presencia real de Cristo en la eucaristía, negada por los calvinistas y admitida incompletamente por los protestantes.
* La salvación es por la gracia de Dios mediante la fe y las obras (Decreto de justificación)
* La Eucaristía se definió dogmáticamente como la consagración del pan en el cuerpo de Cristo y el vino en la sangre de Cristo que renueva mística y sacramentalmente en el sacrificio de Cristo en la cruz.
* La veneración de las imágenes iconográficas y reliquias muchas de ellas vinculadas al culto cristiano dedicado a María madre de Jesús, como virgen y a los santos. También se afirmó la existencia del Purgatorio.
* Rechazo del matrimonio de los sacerdotes.
* Catálogo de libros o índices de éstos que debían prohibirse.
* Creación de semilleros o seminarios para la formación de futuros sacerdotes.
* Obligación a los obispos de residir en las diócesis.
* Se unificaron los ritos de la Iglesia Católica en uno solo: la Misa Tridentina.
La contrarreforma católica alimentó un renacer en la Roma papal, facilitó un impulso a las antiguas órdenes como la de los carmelitas descalzos, reformada en España, por Santa Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Pero la orden que más aportó en la contrarreforma fue la de los jesuitas de San Ignacio de Loyola, en la que se distinguieron varios participantes durante el Concilio de Trento. Fue creada esta orden como si de un ejército se tratase. Regida por la más severa disciplina. Los jesuitas obraron con la predicación, pero sobre todo por la confesión y educación.

martes, 26 de noviembre de 2013

EL PAPADO DE AVIÑÓN III

EL CISMA DE OCCIDENTE El tan deseado regreso de Gregorio XI a Roma, no solucionó los problemas políticos que se superponían en Italia y que estuvo a punto de hacerle abandonar de nuevo la ciudad. Pero su fallecimiento en el año 1378 dio lugar a una serie de hechos que convertirían este período en convulso y problemático. El cónclave para la elección del nuevo pontífice se realizaría en Roma. Pero los habitantes de esta ciudad reclamaban no solamente que no regresara a Avión sino que además el Papa fuese romano o como mínimo italiano. Lo que provocó grandes desórdenes e inclusive agresiones a los cardenales. El Papa saliente de este cónclave fue Urbano VI. Partidario de la Reforma, no ahorró críticas al modo de vida de los cardenales. Sin embargo, se plantea por parte de los cardenales no conformes la celebración de un nuevo cónclave. El Papa cediendo a las presiones nombra un nuevo colegio cardenalicio, que escoge en un nuevo cónclave a Roberto de Ginebra que toma el nombre de Clemente VII. Es el inicio formal del cisma. De 1378 a 1417 Francia apoyaría al Papa de Avión mientras que Inglaterra lo haría con el de Roma. Así durante ese período nos encontramos que: A la muerte de Urbano VI los cardenales escogen a Bonifacio IX y los disidentes a la muerte de Clemente VII escogen a Benedicto XIII Este fue un período problemático, cuando a raíz de la muerte de Gregorio XI, se creó entre los cardenales dos facciones a favor de uno u otro candidato al papado. Este hecho conduciría al cisma de occidente. De 1378 a 1417 Francia apoyaría al papa de Aviñón mientras que Inglaterra lo haría al de Roma.

EL PAPADO DE AVIÑÓN II

Este período convulso de la Iglesia Católica Romana, se sitúa entre los años 1309 a 1377, durante el cual siete papas residieron en Aviñón (Francia). Algunos historiadores católicos se refieren a esta situación como “el Cisma de occidente”. Todo da comienzo a la muerte de Bonifacio VIII. El cónclave para la elección de su sucesor tiene lugar en Perugia. De este cónclave sale elegido el arzobispo de Burdeos que adoptó el nombre de Clemente V.
El Papa se hace entronizar en Lyon y traslada su residencia de manera efectiva a Aviñón, feudo de los Anjou de Nápoles. Esta elección se produce bajo la óptica política del rey de Francia.
Clemente V se verá obligado a aceptar por la exigencia real, la supresión de la orden de los templarios. Los motivos aducidos para la supresión de esta orden fueron: Crisis económica de la monarquía y que los templarios se habían convertido en el núcleo del poder económico.
Ante esta situación se convoca el Concilio ecuménico en Viena denominado “del Delfinado”. Objetivos: emitir juicio de culpabilidad contra los templarios e interpretar el pensamiento de Francisco de Asís sobre la pobreza.
Juan XXII. Procederá durante su papado a efectuar una reforma y organización de la administración. Pero a juicio de expertos de manera insatisfactoria. Se adjudicaba el control de “los cargos de beneficios” abandonando la elección consuetudinaria. * Beneficio eclesiástico: Ingresos que le correspondían por la misión que ejecutaba, pero que sin embargo cuando por razones de edad, exceso de trabajo o para dedicarse a temas suyos, lo hacía a través de un vicario con el que repartía ese beneficio. Se dice de él, al igual que de Benedicto XII y Clemente VI, que gastaron grandes fortunas en ropa y banquetes.
Benedicto XII, fue el tercero de los Papas de Aviñón. Decidido a restablecer el papado en Roma, inicia su reinado ordenando la restauración de la basílica de San Pedro y la de Letrán. Sin embargo presionado por los cardenales que le hicieron ver la dificultad de vivir en una Italia fraccionada, el Papa cedió. A parte de la construcción del castillo de Aviñón, Benedicto preocupado por los abusos del clero, hizo regresar a los clérigos que no eran necesarios en Aviñón. Siempre atento a los sucesos de la inestable Italia, envió a menudo dinero para socorrer a un pueblo golpeado por el hambre. Reguló los impuestos a pagar por los documentos extendidos por la oficina papal y persiguió la codicia entre los eclesiásticos.
Bajo el reinado de Clemente VI, los intereses franceses empezaron a dominar el papado. Éste, que había sido consejero del rey Felipe IV, mantenía unos vínculos fuertes con la Corte francesa, que le llevó inclusive a financiar acciones bélicas con sus propios recursos. Durante su papado se produjo la Peste Negra que produjo cerca de un tercio de la población del continente.
Inocencio VI, era menos sectario que Clemente VI. Su interés residía en obtener la paz entre Francia e Inglaterra. Su aspecto demacrado y las maneras austeras le conferían el más alto respeto por parte de los nobles de ambos lados del conflicto.
Urbano V: A este papa se le describe como el más austero de los papas de Aviñón, después de Benedicto XII. Destaca de su personalidad la gran espiritualidad que poseía. Sin embargo le faltaba estrategia, lo que le llevó a hacer concesiones a la corona francesa específicamente en finanzas, sobre todo en la cuestión crucial de la guerra contra Inglaterra. Regresa a Roma, aunque no de manera definitiva.
Gregorio XI: Su decisión más importante fue el regreso a Roma en 1378. En el período 1373-1375 se produjo un embargo a las exportaciones de grano durante una escasez de comida, lo que levantó a Florencia y una serie de ciudades que crearon una liga contra el papado. Con su decisión de volver a Roma, influido por Catalina de Siena, se puede dar por acabado este período.

jueves, 15 de diciembre de 2011

"LA TIERRA" EN EL PENTATEUCO

INTRODUCCIÓN

A través de los tiempos, muchos se han preguntado del porqué del interés y apego de los israelitas por las tierras que conformaban la antigua Palestina. Con esta pequeña síntesis pretendo recoger aquellos aspectos más importantes, que ayuden a comprender el significado del término TIERRA, en la Biblia y para los judíos.
Al hacerlo, deseo que aquellos que lo lean, tengan un mayor conocimiento sobre el sentido que del mismo hace la Biblia, cuando habla de ella.
Un primer punto sería conocer las expresiones que se hacen de la misma en hebreo.
Así, (Arets) sirve para designar el país en este caso la Palestina del Antiguo Testamento, mientras que (Adamah) se refiere al suelo.


DIMENSION GEOGRAFICA

Toda historia tiene un lugar donde se desarrollan unos hechos. La historia de la humanidad ha tenido como centro una tierra particular, patria de un pueblo al que se le manifestó Dios, con palabras y hechos que se entrecruzan en la Historia.

DATOS Y LIMITES GEOGRAFICOS

La tierra propiamente bíblica, escenario donde se desarrolló esta historia de la salvación, se extiende entre el Líbano al Norte, el Mediterráneo al Oeste, y al sur las regiones desérticas que luego van a formar la península del Sinaí.
Esta tierra particular, es la punta occidental de lo que se le ha dado por llamar convencionalmente, la media luna fértil.
Su superficie alcanza la suma total de 15640 Km2
El territorio se divide en cuatro regiones geográficas:
* La fosa formada por el río Jordán
* La cadena montañosa que corre de norte a sur
* La zona denominada Sefela, está formada en occidente por las colinas que descienden hacia el litoral mediterráneo.
* Y el Negueb, que es la región meridional de las ciudades de Hebrón y Berseba hasta el desierto.

CRUCE DE CAMINOS

La posición geográfica de la tierra bíblica y su modestísima extensión (aproximadamente la provincia de Badajoz) han constituido desde los tiempos remotos un desafío para su supervivencia.
Situada como puente obligado entre Egipto, Asia Menor y Mesopotamia, experimentó a través de los tiempos el influjo de la cultura y religiones de los pueblos de civilización antiquísima, al mismo tiempo que se convertía en víctima predestinada de las ambiciones de poderosos imperios.
Pero a lo largo de milenios y de choques gigantescos, ninguna potencia logró borrar definitivamente de la historia, la tierra elegida por Dios.

DENOMINACIONES BIBLICAS

1- HISTORICAS

a)      En el AT no se encuentra una denominación bíblica fija
b)      En los libros más antiguos se la denomina “tierra de Canaán”, nombre genérico de las poblaciones cuyos habitantes cananeos la ocupaban antes de la conquista israelita.
c)      Durante la monarquía hebrea, la Biblia nos señala “tierra de Israel” recuperando el término antiguo después de la caída (722 a.C)

2- TEOLOGICAS

En virtud del significado y de su diversa importancia en la  historia de la salvación, la tierra asume denominaciones de carácter teológico.

a) La tierra prometida. A falta de un término en hebreo equivalente en la Biblia se expresa con la fórmula  “la tierra que el Señor os dará según ha dicho” ó “la tierra  que ha jurado (Dios) dar a tus padres”.

b) La tierra santa. Lo es para las tres religiones monoteístas, Palestina es por excelencia “la tierra Santa”.
Para los hebreos, donde quiera que Dios se manifestaba, aquél suelo se convertía en sagrado (Gen 28, 16-17; Ex 3 5-6).
Palestina entera es un “santuario” (Ex 15, 17) porque es tierra de Dios. (Is14, 2)
Un hebreo expulsado de ella se veía impedido de honrar a su Dios (I Sam 26,19)

c) La heredad de Dios. Heredad de Yhwh es uno de los nombres más antiguos dados por Israel a su patria.
El término “nahalah” (Heredad) indica más de lo que dice el término jurídico, porque insiste más bien, en la permanencia de la posesión obtenida.
En el oriente antiguo, toda divinidad era considerada dueña de la tierra en que era honrada, por lo cual se denominaba “heredad”.
La tierra de Israel era propiedad de Dios (Jos 22, 19); cuando los israelitas entraron en ella, ocuparon primero la región montañosa que denominaron la montaña de la heredad de Dios (Ex 15,17).
Mas tarde, después de seguir los pasos del Pentateuco, reflejaremos aspectos concretos sobre lo que significaba el usufructo de esta tierra por parte de los israelitas.
El Pentateuco comienza con el don de la tierra terminando en la llanura de Moab a las puertas de la tierra prometida




EL PENTATEUCO Y LA TIERRA

En el principio creó Dios los cielos y la tierra (Gen 1, 1)
Con esta creación, y desde su bondad infinita, Dios prepara un don para ese “ser” que mas tarde creará. Una tierra fértil donde el hombre podrá satisfacer sus necesidades. 
“Hagamos el “hombre” a imagen nuestra… (Gen 1, 26)
Sed fecundos…  llenad la tierra y someterla  (Gen 1-22), Dios concede al hombre y a la mujer la posibilidad y la responsabilidad de su dominio.
En su oferta Dios pone al Hombre en un vergel, que sólo debe cuidar y disfrutar del mismo. Puso a éste ser en un jardín del Edén e hizo brotar todo tipo de árboles deleitosos para comer. (Gen2, 8)
Desde la óptica del plan de Dios, éste puso al hombre en una situación privilegiada dentro de toda la creación. Sin embargo esa relación entrañable se ve truncada cuando el hombre pretende erigirse en su propio dueño, creando un código moral propio y olvidándose de su creador.
El hombre no se conforma con ser la criatura y reclama una autonomía moral.
Esta rebelión le supuso perder el estado primitivo que tenía y como resultado convertirse en un ser finito. Donde la Muerte física y la pérdida de la familiaridad divina, serían las consecuencias más graves.
Tras la caída, el suelo fructífero de esa esta tierra que no necesitaba más que un cuidado, se le vuelve árida y tiene que luchar para sobrevivir. (Gen 3, 4)
Con la expulsión del paraíso el hombre sufrirá la nostalgia de lo que tenía y que por su culpa perdió.
Mas tarde, entra la envidia en la vida del ser humano y esta tierra se tiñe de sangre. Caín mata a Abel (Gen 4, 8)
Ante la continuidad por parte del hombre de dar la espalda al Dios creador, y que su actitud era de continua maldad, las aguas invaden la tierra (Gen 7, 1-24)
En una segunda creación nos dice el (Gen 9, 1-17) “que Dios bendijo a Noé y sus hijos: “Sed fecundos, multiplicaros y llenad la tierra.” Y añade al final  “Esta es la señal de la alianza que he establecido entre yo y toda la carne que existe sobre la tierra”. 
La tierra se repobló  “siendo todo el mundo de un mismo lenguaje e idénticas palabras” (Gen 11, 1)
Mas como pretendieran edificar un edificio que llegase al cielo, Dios confundió sus lenguas y los desperdigó por todo el haz de la tierra (Gen 11, 9)

LA PROMESA INICIAL

En la Biblia, la historia de la salvación comienza con la vocación de Abraham, al cual ordena Dios deje su patria Mesopotamia, para dirigirse a una tierra que se le mostrará (Gen 12, 1-2).
“Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre… Y el solicito abandona su lugar para seguir la voluntad del Creador.
Abraham con su sobrino Lot y todas sus familias y sus ganados han de recorrer como nómadas que son, por los diferentes pueblos en busca de alimento y pastos.
La promesa de una tierra para su descendencia la encontramos en (Gen 12, 7)
Si bien antes de obtenerla habrán de pasar por la esclavitud en Egipto para huir hacia la utopía de una tierra que mana leche y miel (Éxodo y Números).
Cuando la hacienda se había multiplicado tanto, de modo que no podía vivir juntos, se separaron (Gen 13, 6)
La promesa divina y la alianza

Abraham recibe de Dios en visión estas palabras: No temas…Tu premio será muy grande (Gen 15, 1)
Le hace la promesa de que tendrá un heredero de sus entrañas y le augura una descendencia tan grande y numerosa como las estrellas del firmamento.
“Yo soy Yahvéh que te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra en propiedad…Le reafirma la promesa de la tierra “Has de saber que tus descendientes serán… Los esclavizarán y oprimirán…A la cuarta generación volverán ellos acá.
La alianza se va reforzando y en (Gen 17, 1-8) vuelve Dios a dirigirse a Abraham para asegurarle que le dará toda la tierra por la que anda como peregrino: Canaán.

LA POSESION DE LA TIERRA (Preparación)

Después de seiscientos cincuenta años de la vocación de Abraham, Dios toma la iniciativa para la realización de la promesa.
“Los hijos de Israel fueron fecundos… y la tierra estaba llena de ellos”. (Ex 1,7)
Dios se manifiesta Moisés para ordenarle que libere a los descendientes de los patriarcas de la esclavitud a la cual los había sometido el faraón.
“Yo he descendido para librarles de la mano de los egipcios y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y amplia una tierra que fluye leche y miel. (Ex 3, 8)
No se hace alusión a la promesa de los patriarcas; pero Dios se ha presentado a Moisés como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob (Ex 3, 6)
Si bien a Moisés no le estará permitida la entrada en la tierra prometida, si la podrá contemplar desde el monte Nebo, frente a Jericó (Dt 34, 1-4).

LA TIERRA COMO DON DE DIOS

Nuevamente el Creador concede al hombre, pese a sus ingratitudes un nuevo vergel. El don de una nueva tierra donde constituirse como pueblo dedicado a Dios.
Josué será el elegido en esta nueva etapa, para llevar a los israelitas hacia su nuevo hogar.  
En esa conquista Dios mismo está en medio de su pueblo, para realizar maravillas siempre que le sean fieles.   

LA TIERRA EN USUFRUCTO

La propiedad de la tierra tenía una serie de condiciones, que hacía que esta fuese considerada en usufructo. Así los israelitas debían considerarse extranjeros y huéspedes en la tierra de Dios (Lev 25,23) La posesión de un terreno perteneciente a ella, no podía ser enajenado.
¿Qué nos dicen los libros sagrados?
Institución del Año Sabático. La tierra de Dios debía observar reposo, prohibiendo la siembra y recolección. (Ex 23, 10-11; Lev 25, 3-7)
Durante este año de Jubileo, además del reposo de la tierra, aquellos hebreos que habían vendido sus propiedades debían, en determinadas condiciones recuperar su posesión. (Lev 25, 13-17)
Otras leyes recordaban a los hebreos, que su tierra pertenecía a Dios. A él estaban reservados los diezmos de los productos del suelo y las plantas. (Lev 27, 30) En el rito de la ofrenda, el israelita reconocía con solemnidad, que Dios hacía fructificar su tierra (Dt 26, 1-10)
Cada tres años un parte de las cosechas debían ponerse a disposición de los levitas, extranjeros, de las viudas y los huérfanos, a los que Dios alimentaba con los frutos de su tierra (Dt 14, 28-29)
Esta idea subyace en la ley según la cual, en la siega o en la recolección, había que dejar una parte a disposición de los indigentes (Lev 19, 9-10); Levítico II, 5.


domingo, 15 de mayo de 2011

LA CAÍDA DE SAN JUAN DE ACRE

En el año 1905, el Papa Urbano II al grito de “Dios lo quiere”, durante la celebración del Concilio de Clermont, urgió a la cristiandad a reclamar primero, y después a querer recuperar por la fuerza de las armas, el Reino de Jerusalén, que había sido conquistado por los ejércitos musulmanes.
Jerusalén, ha sido, es y será, la tierra de las tres religiones monoteístas. Por ella, más que por ninguna otra, se ha derramado tanta sangre en nombre de ellas.
La respuesta no se hizo esperar, y durante doscientos años, miles de personas desde reyes a campesinos y en sucesivas oleadas, los cruzados viajaron al este con este fin.
Hugo de Rossal, sobrino de Jacques de Rossal, uno de los nueve fundadores de los Templarios, tomó en el año 1290 junto con cincuenta caballeros más el camino hacia el “Reino de los Cielos”.
Después de numerosos meses, atravesando países, soportando enfermedades y hambre, además de innumerables peripecias, llegaron a Jerusalén.
En aquella época, la fortaleza de San Juan de Acre se encontraba en poder de los cristianos, que desde la Primera Cruzada la habían logrado conquistar. Sin embargo, aquella paz relativa y en plena prosperidad, se truncó cuando en 1291 un grupo de cruzados italianos, asaltaron y asesinaron a unos inofensivos campesinos musulmanes, que con sus mercancías se dirigían a esta ciudad.
Después de una tregua de diez años, este hecho provocó que el sultán de Egipto se pusiese a la cabeza de un ejército de 160.000 hombres a pie, 60.000 caballeros turcos y mamelucos, y 100 catapultas para sitiar la ciudad.
Hugo de Rossal y los caballeros que le habían acompañado hasta Jerusalén, se encontraban aquel 5 de abril, dentro de la fortaleza de Acre.
Dos días más tarde, el ejército mameluco de Al-Asharaf Kali, se situaría frente a los muros de la misma. En pocas jornadas, toda la llanura que rodeaba la ciudad se cubrió de tiendas, y los musulmanes comenzaron el asedio. Los gritos de los 15.000 soldados mamelucos, que participaron en el ataque inicial, fueron acompañados del batir de tambores y el ruido de las trompetas, aterrorizando así a la población.
Las numerosas catapultas, lanzaban piedras sobre los muros de la ciudad, destruyendo casas, templos y calles. Flechas incendiarias, saetas, jabalinas, que desde el campamento enemigo se lanzaban, cayeron sobre los tejados de paja y madera provocando un incendio.
Era evidente que se imponía una negociación, pero Al-Ashraf contestó que sólo aceptaría una rendición incondicional.
La única ventaja para los sitiados era que los musulmanes no podían bloquear el puerto, de manera que el 4 de mayo les llegaron refuerzos desde Chipre.
Dentro de los muros de la fortaleza, los maestres del Templo Guillermo Beaujeu y de los hospitalarios Jean de Villiers, así como los mariscales Godofredo de Vendac,  Mateo Clermont y Pedro de Severy, que habían reunido todas sus tropas, así como Hugo y los caballeros que le habían acompañado, estudiaban como resolver la situación.
La ciudad Real de San Juan de Acre, estaba situada de espaldas al mar Mediterráneo. Este la rodeaba por el sur, mientras, que por el este y oeste formaba una pequeña península, que dominaba la bahía que llevaba su nombre.
Tenía una doble fila de murallas y doce torres, que habían sido reforzadas recientemente. En la parte norte se encontraba el barrio de Montmusart y al sur de esta, la muralla torcía bruscamente en dirección oeste, formando un ángulo recto que bajaba en dirección sur hasta encontrar el mar. Todo este saliente era dominado por la Barbacana del Rey Hugo.
La ciudad tenía sólo tres puertas terrestres: la de Maupas en el norte dando acceso a Montmusart, la de San Antonio en la parte central del castillo y la de San Nicolás en la sección este.
Poco después de iniciarse el asedio, el 15 de abril Templarios y Hospitalarios que se hallaban acuartelados en Montmusart, mandados por el Maestre Guillermo, intentaron un ataque nocturno que un principio funcionó como se esperaba, sin embargo, durante las horas siguientes las fuerzas cristianas se vieron obligadas a retirarse, con graves pérdidas humanas.
Acre se encontraba debilitada. Los soldados mamelucos estuvieron bombardeando las torres de la ciudad con sus eficaces catapultas, que arrojaban grandes proyectiles de piedras. Esto, les permitió conseguir el acceso a la ciudad el 18 de mayo de 1291, a través de una enorme grieta en la muralla sur, justo en la torre Maldita, por donde irrumpieron en masa, y empujaron a los defensores hasta la muralla interior.
Antes de entrar, Al-Ashraf ordenó que el asalto fuera acompañado de un importante número de tambores, trompetas y timbales. Eficaces arqueros prepararon el camino a la primera línea de atacantes, compuesto por escuadrones suicidas.
Los Templarios y Hospitalarios unidos por fin en la lucha, resistieron hasta el 28 de mayo, en que se produjo el asalto final sobre el último reducto de los cruzados: el monasterio fortificado del Temple.
Pero ya no se podía hacer nada. Se entablaron negociaciones y el sultán dio a conocer su postura: Perdonaba la vida y los bienes de los cristianos, a cambio de la entrega de Acre. Esta propuesta no fue aceptada.
El viernes 28 de mayo, los sarracenos invadieron Acre por todas las partes y llevaron a cabo una carnicería memorable. Era espantoso ver, damas, burgueses y religiosos huyendo por las calles con los niños en brazos, dirigiéndose hacia el mar.
Cuando las fuerzas sarracenas se dieron cuenta de su huida, prendieron a las mujeres y estrellaron sus hijos contra el suelo, que pronto serían destrozados por los caballos. En un momento, Acre se convirtió en una hoguera inmensa.
Uno de los primeros en caer fue el Maestre. En el Templo de Acre se habían refugiado unas 10.000 personas, ya que era el fuerte más poderoso de la ciudad.
Al pie del Templo, que daba al mar, los caballeros y entre ellos Hugo de Rossal, reunieron la mayor cantidad posible de embarcaciones que pudieron, y embarcaron a la mayor parte de la población refugiada.
Sin embargo, eran tantos los que pretendían huir, que alguno de los barcos se hundió por exceso de personas.
Uno de los barcos templarios estaba a las órdenes de Roger de Flor, de quien malas lenguas dijeron, que se ganó la vida con el dinero que recibía de las damas nobles de Acre.
El margen de maniobra que les concedió el sultán, fue de diez días. El mariscal del Temple, Pedro de Severy, continuó con la negociación y según cronistas de la época, se equivocó mostrando una inútil arrogancia.
Cuando en Mariscal de la Orden acompañado por un grupo de caballeros salió a negociar con el sultán, estos fueron hechos prisioneros y el sultán dio la orden de que se cortara la cabeza a todos los caballeros templarios, y en primer lugar a Severy.
Durante el asedio, zapadores mamelucos habían minado los muros de la fortaleza. Cuando más tarde, los sarracenos pretendieron abrir una brecha a base de explosivos y combustible, el edificio se vino abajo, alcanzando a los dos mil mamelucos que pretendían entrar, y al resto de los caballeros que aún quedaban defendiendo el Templo. De este modo terminó la gran epopeya del Temple en Tierra Santa.
Según explicó el cronista Gerardo de Montreal, esta fue la forma y manera en que fue tomada la ciudad de Acre, el viernes 18 de mayo de 1291. Diez días después caería el Templo.
A partir de ese momento, fueron cayendo Tiro, Beirut, Haifa, quedando sólo en pie dos castillos. Grandes contingentes de Templarios llegaron a Chipre y se establecieron en la isla con su tesoro.
Eligieron como nuevo Maestre a Thibaud Gaudin, que había escapado de Acre al amparo de la noche, en un barco hacía Sidón, y a quien más tarde sucedería Jaime Molay 1294-1314.
Pocos años después, se produjo el descalabro y caída absoluta de aquella máquina poderosa y caballeresca, en que se habían convertido los Pobres Caballeros de Cristo.
Felipe V rey de Francia solicitó de los Templarios la financiación de sus guerras y estos le requirieron garantías para el préstamo. Esto motivó, que los acusara injustamente ante el papa Clemente V, que mediante un edicto disolvió la orden. Momento que aprovechó el rey francés, para hacerse con los bienes de los templarios en tierras francesas, consiguiendo así los objetivos perseguidos.