miércoles, 21 de diciembre de 2011

EL SUEÑO

Matilde, al llegar al hotel, se sorprendió de encontrar a Eloy esperándola.  Después de muchos años de separación, volvieron a pasear por el parque donde había nacido su amor.  Al atardecer, buscaron un banco en la penumbra, y se contaron a grandes rasgos sus vidas.
La ausencia no había hecho disminuir en cada uno de ellos, el amor irrefrenable que subyacía en sus corazones.
Su historia era muy normal: Matilde abandonó Valladolid, cuando a su padre le destinaron a otra ciudad. Enamorada como estaba, lloró todas las noches de su vida, hasta que las lágrimas se agotaron.
Ahora, ya no habría nada que impidiera sus manifestaciones de amor. Al abrazarse, notaron el batear de sus corazones. Matilde creyó que llegaba el momento de entregarse a Eloy.
…
Pero, los fuertes golpes en la puerta de su habitación, la sacaron del bello sueño que gozaba. 
   

sábado, 17 de diciembre de 2011

EL PERSONAJE

—¡Míreme a la cara, soldado! —gritó furibundo el hombre, acercándose hasta la puerta por donde le dejaban la comida.
—Sí, mi general —contestaron burlonamente desde el otro lado, al tiempo que cerraban la trampilla. 
El hombre cogió el plato de plástico con la escasa comida servida, y sentado en un rincón de su celda, devoró la misma. Acabada esta y con la mano sobre el pecho, comenzó a pasear por los escasos metros de aquella habitación. Sus ojos desprendían un brillo inusual.
Las imágenes de una batalla, a la que él daba el nombre de Waterloo, pasaban por su mente una y otra vez, mientras, una pregunta surgía en su cerebro: ¿Cómo él, considerado el mejor general del momento, podía haber perdido aquella batalla?
El Doctor Marcuse, director del psiquiátrico, no tenía una respuesta pero si la confirmación, de que “Napoleón” había vuelto.   

EL INFORTUNIO

—Ni idea —respondió el hombre un tanto enfadado, mientras miraba aquel trozo de plástico, que había sobre el césped mojado. Con esa respuesta tan escueta, el jardinero respondía a la mujer del bikini rojo, que momentos antes había rodado por los suelos, al patinar sobre el.
El médico que urgentemente la atendió, además de vendarle el pie la recomendó descanso absoluto.
La mujer estaba altamente irritada con el “burro”, que había tirado el plástico en el césped del jardín, ya que esto la privaba, de poder contar a sus amigas a la vuelta de las vacaciones, otra cosa que no fuera el hecho desgraciado que había sufrido. Con este relato sólo obtendría de ellas, una falsa mueca de compasión en vez de envidia.
¿Porqué la gente era tan poco caritativa? Y si les hubiese pasado a ellas, ¿qué pensarían?


jueves, 15 de diciembre de 2011

"LA TIERRA" EN EL PENTATEUCO

INTRODUCCIÓN

A través de los tiempos, muchos se han preguntado del porqué del interés y apego de los israelitas por las tierras que conformaban la antigua Palestina. Con esta pequeña síntesis pretendo recoger aquellos aspectos más importantes, que ayuden a comprender el significado del término TIERRA, en la Biblia y para los judíos.
Al hacerlo, deseo que aquellos que lo lean, tengan un mayor conocimiento sobre el sentido que del mismo hace la Biblia, cuando habla de ella.
Un primer punto sería conocer las expresiones que se hacen de la misma en hebreo.
Así, (Arets) sirve para designar el país en este caso la Palestina del Antiguo Testamento, mientras que (Adamah) se refiere al suelo.


DIMENSION GEOGRAFICA

Toda historia tiene un lugar donde se desarrollan unos hechos. La historia de la humanidad ha tenido como centro una tierra particular, patria de un pueblo al que se le manifestó Dios, con palabras y hechos que se entrecruzan en la Historia.

DATOS Y LIMITES GEOGRAFICOS

La tierra propiamente bíblica, escenario donde se desarrolló esta historia de la salvación, se extiende entre el Líbano al Norte, el Mediterráneo al Oeste, y al sur las regiones desérticas que luego van a formar la península del Sinaí.
Esta tierra particular, es la punta occidental de lo que se le ha dado por llamar convencionalmente, la media luna fértil.
Su superficie alcanza la suma total de 15640 Km2
El territorio se divide en cuatro regiones geográficas:
* La fosa formada por el río Jordán
* La cadena montañosa que corre de norte a sur
* La zona denominada Sefela, está formada en occidente por las colinas que descienden hacia el litoral mediterráneo.
* Y el Negueb, que es la región meridional de las ciudades de Hebrón y Berseba hasta el desierto.

CRUCE DE CAMINOS

La posición geográfica de la tierra bíblica y su modestísima extensión (aproximadamente la provincia de Badajoz) han constituido desde los tiempos remotos un desafío para su supervivencia.
Situada como puente obligado entre Egipto, Asia Menor y Mesopotamia, experimentó a través de los tiempos el influjo de la cultura y religiones de los pueblos de civilización antiquísima, al mismo tiempo que se convertía en víctima predestinada de las ambiciones de poderosos imperios.
Pero a lo largo de milenios y de choques gigantescos, ninguna potencia logró borrar definitivamente de la historia, la tierra elegida por Dios.

DENOMINACIONES BIBLICAS

1- HISTORICAS

a)      En el AT no se encuentra una denominación bíblica fija
b)      En los libros más antiguos se la denomina “tierra de Canaán”, nombre genérico de las poblaciones cuyos habitantes cananeos la ocupaban antes de la conquista israelita.
c)      Durante la monarquía hebrea, la Biblia nos señala “tierra de Israel” recuperando el término antiguo después de la caída (722 a.C)

2- TEOLOGICAS

En virtud del significado y de su diversa importancia en la  historia de la salvación, la tierra asume denominaciones de carácter teológico.

a) La tierra prometida. A falta de un término en hebreo equivalente en la Biblia se expresa con la fórmula  “la tierra que el Señor os dará según ha dicho” ó “la tierra  que ha jurado (Dios) dar a tus padres”.

b) La tierra santa. Lo es para las tres religiones monoteístas, Palestina es por excelencia “la tierra Santa”.
Para los hebreos, donde quiera que Dios se manifestaba, aquél suelo se convertía en sagrado (Gen 28, 16-17; Ex 3 5-6).
Palestina entera es un “santuario” (Ex 15, 17) porque es tierra de Dios. (Is14, 2)
Un hebreo expulsado de ella se veía impedido de honrar a su Dios (I Sam 26,19)

c) La heredad de Dios. Heredad de Yhwh es uno de los nombres más antiguos dados por Israel a su patria.
El término “nahalah” (Heredad) indica más de lo que dice el término jurídico, porque insiste más bien, en la permanencia de la posesión obtenida.
En el oriente antiguo, toda divinidad era considerada dueña de la tierra en que era honrada, por lo cual se denominaba “heredad”.
La tierra de Israel era propiedad de Dios (Jos 22, 19); cuando los israelitas entraron en ella, ocuparon primero la región montañosa que denominaron la montaña de la heredad de Dios (Ex 15,17).
Mas tarde, después de seguir los pasos del Pentateuco, reflejaremos aspectos concretos sobre lo que significaba el usufructo de esta tierra por parte de los israelitas.
El Pentateuco comienza con el don de la tierra terminando en la llanura de Moab a las puertas de la tierra prometida




EL PENTATEUCO Y LA TIERRA

En el principio creó Dios los cielos y la tierra (Gen 1, 1)
Con esta creación, y desde su bondad infinita, Dios prepara un don para ese “ser” que mas tarde creará. Una tierra fértil donde el hombre podrá satisfacer sus necesidades. 
“Hagamos el “hombre” a imagen nuestra… (Gen 1, 26)
Sed fecundos…  llenad la tierra y someterla  (Gen 1-22), Dios concede al hombre y a la mujer la posibilidad y la responsabilidad de su dominio.
En su oferta Dios pone al Hombre en un vergel, que sólo debe cuidar y disfrutar del mismo. Puso a éste ser en un jardín del Edén e hizo brotar todo tipo de árboles deleitosos para comer. (Gen2, 8)
Desde la óptica del plan de Dios, éste puso al hombre en una situación privilegiada dentro de toda la creación. Sin embargo esa relación entrañable se ve truncada cuando el hombre pretende erigirse en su propio dueño, creando un código moral propio y olvidándose de su creador.
El hombre no se conforma con ser la criatura y reclama una autonomía moral.
Esta rebelión le supuso perder el estado primitivo que tenía y como resultado convertirse en un ser finito. Donde la Muerte física y la pérdida de la familiaridad divina, serían las consecuencias más graves.
Tras la caída, el suelo fructífero de esa esta tierra que no necesitaba más que un cuidado, se le vuelve árida y tiene que luchar para sobrevivir. (Gen 3, 4)
Con la expulsión del paraíso el hombre sufrirá la nostalgia de lo que tenía y que por su culpa perdió.
Mas tarde, entra la envidia en la vida del ser humano y esta tierra se tiñe de sangre. Caín mata a Abel (Gen 4, 8)
Ante la continuidad por parte del hombre de dar la espalda al Dios creador, y que su actitud era de continua maldad, las aguas invaden la tierra (Gen 7, 1-24)
En una segunda creación nos dice el (Gen 9, 1-17) “que Dios bendijo a Noé y sus hijos: “Sed fecundos, multiplicaros y llenad la tierra.” Y añade al final  “Esta es la señal de la alianza que he establecido entre yo y toda la carne que existe sobre la tierra”. 
La tierra se repobló  “siendo todo el mundo de un mismo lenguaje e idénticas palabras” (Gen 11, 1)
Mas como pretendieran edificar un edificio que llegase al cielo, Dios confundió sus lenguas y los desperdigó por todo el haz de la tierra (Gen 11, 9)

LA PROMESA INICIAL

En la Biblia, la historia de la salvación comienza con la vocación de Abraham, al cual ordena Dios deje su patria Mesopotamia, para dirigirse a una tierra que se le mostrará (Gen 12, 1-2).
“Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre… Y el solicito abandona su lugar para seguir la voluntad del Creador.
Abraham con su sobrino Lot y todas sus familias y sus ganados han de recorrer como nómadas que son, por los diferentes pueblos en busca de alimento y pastos.
La promesa de una tierra para su descendencia la encontramos en (Gen 12, 7)
Si bien antes de obtenerla habrán de pasar por la esclavitud en Egipto para huir hacia la utopía de una tierra que mana leche y miel (Éxodo y Números).
Cuando la hacienda se había multiplicado tanto, de modo que no podía vivir juntos, se separaron (Gen 13, 6)
La promesa divina y la alianza

Abraham recibe de Dios en visión estas palabras: No temas…Tu premio será muy grande (Gen 15, 1)
Le hace la promesa de que tendrá un heredero de sus entrañas y le augura una descendencia tan grande y numerosa como las estrellas del firmamento.
“Yo soy Yahvéh que te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra en propiedad…Le reafirma la promesa de la tierra “Has de saber que tus descendientes serán… Los esclavizarán y oprimirán…A la cuarta generación volverán ellos acá.
La alianza se va reforzando y en (Gen 17, 1-8) vuelve Dios a dirigirse a Abraham para asegurarle que le dará toda la tierra por la que anda como peregrino: Canaán.

LA POSESION DE LA TIERRA (Preparación)

Después de seiscientos cincuenta años de la vocación de Abraham, Dios toma la iniciativa para la realización de la promesa.
“Los hijos de Israel fueron fecundos… y la tierra estaba llena de ellos”. (Ex 1,7)
Dios se manifiesta Moisés para ordenarle que libere a los descendientes de los patriarcas de la esclavitud a la cual los había sometido el faraón.
“Yo he descendido para librarles de la mano de los egipcios y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y amplia una tierra que fluye leche y miel. (Ex 3, 8)
No se hace alusión a la promesa de los patriarcas; pero Dios se ha presentado a Moisés como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob (Ex 3, 6)
Si bien a Moisés no le estará permitida la entrada en la tierra prometida, si la podrá contemplar desde el monte Nebo, frente a Jericó (Dt 34, 1-4).

LA TIERRA COMO DON DE DIOS

Nuevamente el Creador concede al hombre, pese a sus ingratitudes un nuevo vergel. El don de una nueva tierra donde constituirse como pueblo dedicado a Dios.
Josué será el elegido en esta nueva etapa, para llevar a los israelitas hacia su nuevo hogar.  
En esa conquista Dios mismo está en medio de su pueblo, para realizar maravillas siempre que le sean fieles.   

LA TIERRA EN USUFRUCTO

La propiedad de la tierra tenía una serie de condiciones, que hacía que esta fuese considerada en usufructo. Así los israelitas debían considerarse extranjeros y huéspedes en la tierra de Dios (Lev 25,23) La posesión de un terreno perteneciente a ella, no podía ser enajenado.
¿Qué nos dicen los libros sagrados?
Institución del Año Sabático. La tierra de Dios debía observar reposo, prohibiendo la siembra y recolección. (Ex 23, 10-11; Lev 25, 3-7)
Durante este año de Jubileo, además del reposo de la tierra, aquellos hebreos que habían vendido sus propiedades debían, en determinadas condiciones recuperar su posesión. (Lev 25, 13-17)
Otras leyes recordaban a los hebreos, que su tierra pertenecía a Dios. A él estaban reservados los diezmos de los productos del suelo y las plantas. (Lev 27, 30) En el rito de la ofrenda, el israelita reconocía con solemnidad, que Dios hacía fructificar su tierra (Dt 26, 1-10)
Cada tres años un parte de las cosechas debían ponerse a disposición de los levitas, extranjeros, de las viudas y los huérfanos, a los que Dios alimentaba con los frutos de su tierra (Dt 14, 28-29)
Esta idea subyace en la ley según la cual, en la siega o en la recolección, había que dejar una parte a disposición de los indigentes (Lev 19, 9-10); Levítico II, 5.


martes, 29 de noviembre de 2011

LLAMADA DESDE EL BONILLO

En el Bonillo me contaron de ti...
La noticia sin duda me dolió mucho. No entendí que siendo tan amigas como éramos, no me lo hubieses contado. Además,  ni siquiera me lo podía creer. Tú, la que siempre decías que nunca quedarías embarazada, ahora estaba preñada y sin novio.
Todos durante mucho tiempo te dijimos, que Gabriel era un crápula al que no debías darle ninguna oportunidad. Pero él quería carne y tú se la diste.
¡Y ahora qué! La niña perfecta que se movía por toda la facultad, mostrándonos aquel halo de ángel que poseías ¿cómo lo debes estar pasando en estos momentos        
No es que me alegre, pero recuerda como intenté cortar tus bromas, cuando le ocurrió lo mismo a Helena. Ahora amiga, tienes que apostar por esa nueva vida que llevas en tú interior. No dejes que nadie manipule tus sentimientos, ni que fuerzen la decisión de seguir adelante. Tendrás que sacrificar algunas cosas, sin embargo, poseerás como premio un pequeño tesoro.
Tienes el apoyo de la familia y el de tus amigas más cercanas, con las que siempre podrás contar.

lunes, 28 de noviembre de 2011

EL MILAGRO DE LA NAVIDAD

Los recuerdos suelen acudir a nuestra mente, como los fantasmas cuando estos salen de ronda por los castillos. Hacía algunos años, Daniel había gozado de la existencia privilegiada de un gran triunfador. Cada día, finalizada la jornada de trabajo, brindaba con una copa de vino por la suerte que le había proporcionado la vida. Hasta que un día, el hechizo se rompió.
Aquel fatídico martes, transcurrió el día entre broncas y noticias perturbadoras, sobre la mala salud económica de la empresa. Abatido, regresó a casa antes de lo que era su costumbre. Cabizbajo y ante el silencio que reinaba en el hogar, se dirigió a la alcoba pensando que no había nadie. ¡Maldito momento! Abrió la puerta del dormitorio, y se quedó aturdido. Sobre el tálamo matrimonial Antonia, su esposa, estaba desnuda y gemía de placer bajo el cuerpo de un hombre. Enloquecido por la visión que tenía ante sus ojos, emitió un desgarrado grito de angustia. Ellos en pleno éxtasis de su acción, tardaron en reaccionar. La mujer intentó cubrir su cuerpo con una bata, mientras el extraño, se giró para ver quien osaba interrumpir semejante momento. Luego, tras recoger en una bolsa varios enseres y ropa, Daniel lleno de rabia y decepcionado, abandonó la casa para siempre. Habían transcurridos ya dos años, y todavía hoy le invadían el dolor y la tristeza ante aquellos recuerdos. La traición de la mujer que era su mundo, había sumido su vida en pura miseria.
Ya era tarde, y la oscuridad se cernía sobre el 'Campo Grande'. Daniel buscaba un lugar donde cobijarse, para pasar la noche. En el parque, en las cercanías del pequeño lago había una 'Cascada', y hacia aquel paraje dirigió sus pasos. El lugar sería su refugio nocturno. Entre aquellas rocas que la conformaban, había una pequeña oquedad. Observó que no hubiese nadie en ella, y penetró con los pocos enseres que le quedaban. Sacó de la bolsa donde guardaba sus cosas, una botella de vino. Aquella bebida, sería toda su cena para aquel día. La luna, que lucía con todo su esplendor, iluminó el lugar. Daniel se llevó la botella a los labios y con ansia, dejó que su néctar penetrase en la boca. Dos largos sorbos, hicieron que el hombre se sintiese con una extraña energía. Tumbado sobre el húmedo manto que suponía el suelo de aquella cueva, se dispuso como iba siendo costumbre, a relatarse sus propias desgracias. A lo largo de la noche sufrió tremendas pesadillas. El hambre y el frio, junto con el lugar en el que se había cobijado, cerraban la puerta a cualquier otra esperanza.
Cuando la ciudad comenzó a despertar, recogió sus escasas pertenencias y se fue en busca de una fuente para asearse. Así, comenzaba la rutina diaria de buscarse la vida: con algo de fortuna en el Atrio de Santiago le darían algo para desayunar. Hacia el mediodía, en la puerta del cuartel de Santa Ana, esperaría pacientemente el reparto de las sobras del rancho de los soldados. En su caminar, se fijó en que las calles estaban adornadas. Todavía algunas de ellas, mantenían las luces de colores encendidas, y esto le recordó la proximidad de la Navidad. Sin embargo, para él no dejaban de ser un día más en su vida. Vagaría por las calles de la ciudad, hasta que al atardecer, volvería de nuevo a buscar un lugar donde pasar la noche. ¡Qué lejos estaba de pensar, que su vida podía cambiar!
Al ir a cruzar la calle, para dirigirse hacia el Atrio, no se percató de la proximidad de un vehículo. Este se le echó encima, y lo lanzó como un fardo contra un árbol. La conductora bajó de inmediato del coche, para prestarle auxilio. Viendo que Daniel tenía una pierna fracturada, hizo llamar a una ambulancia para trasladarlo al hospital. Después de enyesarle la pierna y dado que tenía varios hematomas, los médicos dispusieron que pasase dos días en observación. Cuando le llevaron a la habitación, Daniel se encontró con una mujer de mediana edad, rostro agradable, que vestía elegantemente. Ésta con voz cariñosa y timbrada, se interesó por él. Era la conductora que le había atropellado. El indigente escuchaba aturdido. Después de tanto tiempo de sufrir el desprecio de la gente, ahora, aquella mujer se mostraba compasiva por el daño que le había causado, y además pretendía repararlo. Se sintió emocionado. Pasados los dos días le dieron el alta y se dispuso a salir del hospital. Sin embargo, se encontró con que sus harapos habían desaparecido. Antes de que pudiera reclamarlos, entró la enfermera con una bolsa, que además de ropa nueva, contenía objetos para el aseo. Le dijo, que una señora lo había dejado para él. Con algunas dificultades se vistió. Luego, le pareció estar dispuesto a enfrentarse nuevamente con la vida. Una enfermera tomó sus cosas y le acompañó hasta la salida. Allí para su sorpresa se encontró de nuevo con Eva, la conductora.
—Siento todo el daño que le he causado. Me gustaría, que hasta que usted esté en condiciones, se aloje en mi casa. Allí podrá ser atendido por los médicos y yo me sentiría mejor.
—Señora, no se moleste. No fue culpa suya, y ya hecho suficiente. Le estoy muy agradecido por la ropa.
Al hacer intención de andar, las piernas le fallaron y cayó al suelo. Los ojos de Daniel se nublaron. Las lágrimas recorrían los surcos de su cara, al sentir la impotencia de no poder valerse por sí mismo. Eva con todo el cariño y ayudada por su chofer, le condujeron sin darle opción hasta el coche. Ambos permanecieron en silencio durante el viaje. Cuando llegaron a la casa, Daniel se quedó boquiabierto. Tenía ante sí una gran mansión. De ella salieron dos sirvientes, dispuestos para ayudarle a bajar del coche y luego lo trasladaron al interior de la casa. Mientras, Eva recogía los escasos enseres de Daniel que le había dado la enfermera.
En el comedor había una gran mesa, preparada para una celebración. La estancia se encontraba adornada con luces de colores, y sobre una gran repisa se hallaba instalado un belén. Entonces recordó que era Navidad. Eva le miraba con sus ojos marrones almendrados, que hablaban de algo más que de caridad. Él cojeando se acercó a ella, y sin saber cómo, dejó en sus mejillas sendos besos de gratitud. A la comida asistieron, familiares, amigos y empleados de la casa. Cuando la fiesta estaba a punto de darse por finalizada, Eva se acercó a Daniel y le ofreció una de las dos copas que llevaba en la mano. Éste levantó su copa y mirando aquellos hermosos ojos la dijo:
—Gracias a ti, hoy he vuelto a creer en el milagro de la Navidad —y esta vez con cariño, la volvió a besar.



domingo, 6 de noviembre de 2011

LA MUERTE, ESA SEÑORA

Como todos los años, durante la jornada del dos de noviembre, hemos celebrado el recuerdo de nuestros familiares y amigos difuntos. Cada uno lo ha hecho de la forma que consideraba más oportuna. Unos, han acudido a los cementerios a poner flores en las tumbas, de los que fueron sus seres queridos. Otros, han ofrecido oficios, misas y plegarias por sus almas, y el resto de seres vivientes, han recordado hechos concretos vividos con el fallecido, durante su estancia común en esta vida.
Ismael, sentado ante la tumba de su novia, meditaba este hecho. Para él, era raro el día que no se cruzaba con la Señora. Veía a sus convecinos que en su caminar por la vida, pasaban por el lado de ésta sin apenas mirarle la cara. No era de extrañar. La sociedad actual pretendía ocultarla, haciendo como si esta no existiese, y sin embargo, jamás había estado tan presente. 
La Muerte, esa Señora, en su vagar día y noche, recogía a cuantos por una circunstancia u otra acudían en su busca. A veces, alguno había pretendido huir de ella, y al hacerlo ha resultado, que su refugio era el lugar natural donde la muerte le tenía que encontrar.
Nacemos, pero al hacerlo ya caminamos a su encuentro. Cuando alguien muere, a veces escuchamos que “la muerte ha ido en su busca” y no es así, ya que es nuestra naturaleza guiada por una secuencia no visible, la que nos conduce hacia el final de nuestra existencia.