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domingo, 6 de noviembre de 2011

LA MUERTE, ESA SEÑORA

Como todos los años, durante la jornada del dos de noviembre, hemos celebrado el recuerdo de nuestros familiares y amigos difuntos. Cada uno lo ha hecho de la forma que consideraba más oportuna. Unos, han acudido a los cementerios a poner flores en las tumbas, de los que fueron sus seres queridos. Otros, han ofrecido oficios, misas y plegarias por sus almas, y el resto de seres vivientes, han recordado hechos concretos vividos con el fallecido, durante su estancia común en esta vida.
Ismael, sentado ante la tumba de su novia, meditaba este hecho. Para él, era raro el día que no se cruzaba con la Señora. Veía a sus convecinos que en su caminar por la vida, pasaban por el lado de ésta sin apenas mirarle la cara. No era de extrañar. La sociedad actual pretendía ocultarla, haciendo como si esta no existiese, y sin embargo, jamás había estado tan presente. 
La Muerte, esa Señora, en su vagar día y noche, recogía a cuantos por una circunstancia u otra acudían en su busca. A veces, alguno había pretendido huir de ella, y al hacerlo ha resultado, que su refugio era el lugar natural donde la muerte le tenía que encontrar.
Nacemos, pero al hacerlo ya caminamos a su encuentro. Cuando alguien muere, a veces escuchamos que “la muerte ha ido en su busca” y no es así, ya que es nuestra naturaleza guiada por una secuencia no visible, la que nos conduce hacia el final de nuestra existencia.


lunes, 4 de julio de 2011

LA FELICIDAD

La felicidad es un deseo inherente al ser humano, que se cumple en escasas ocasiones. La escasez de esos momentos, nos pueden dar la misma sensación, que produce una estrella fugaz en el firmamento.
Sólo aquellos, que alcancen la plenitud en el amor y en pleno uso de su libertad, gozarán de la verdadera felicidad. Sin estos dos ingredientes, es imposible soñar si quiera con alcanzarla.

domingo, 6 de marzo de 2011

DE LOS ÁRBOLES

Durante los años de adolescente, mi vida fuera del colegio giró alrededor del ‘Campo Grande’. Este era el parque más extenso de la ciudad, y se encontraba en las proximidades de mi casa.
En los muchos momentos de espera, ya que mis amigos solían llegar un poco más tarde que yo, me complacía observar los árboles que marcaban los caminos ajardinados de su interior, mientras el tiempo transcurría lentamente. Plátanos, chopos, olmos, palmeras chinas, cedro del Líbano, castaños de indias, el árbol del amor, arces…
Estos se mantenían en un escrupuloso silencio, puesto que ya se sabe, los árboles hablan poco. Observan la vida de cuantos se acercan a ellos, transmitiendo la sensación de estar meditando, mientras mueven sus ramas.
A la llegada del otoño, sus hojas caen secas por el riguroso calor del verano; los más viejos hablan entre ellos, pero su voz es tan queda, que se pierde entre el ruido de la hojarasca.
Entre sus ramas encuentran cobijo, tordos, pavos reales, alondras, gorriones, faisanes, palomas, ardillas…
Si alguien pretendiese escribir un libro, sobre los pensamientos que emanan de ellos, lo tendría difícil. Sólo el rumor de sus ramas, cuando el viento las mece a su merced, o al atardecer el grito del pavo real en su cortejo a la hembra u otros sonidos, nos dan señales de un vida intensa pero silenciosa. 


martes, 15 de febrero de 2011

CUANDO HABLAMOS DEL TIEMPO

A partir de una determinada edad, si los problemas y las enfermedades nos respetan y la vida sigue por cauces normales, viviremos el trascurrir de los días con gozosa armonía. Tenemos la vida encarrilada, y casi estamos preparados para emprender el viaje a la otra orilla. Sin embargo, de vez en cuando nos da por pararnos a pensar, en alguno de los muchos días vividos. Sirva de ejemplo, una tarde cualquiera del otoño de nuestra vida.

Sin más, nuestros ojos recorren las orillas de los caminos, donde se acumulan un sin fin de hojas muertas, que han ido cayendo de los árboles. Las hay de casi todos los colores: rojizas, ocres, amarillas o blancas… Recuerdos de nuestra niñez, nos conducen a los momentos que saltábamos sobre ellas, provocando el crujido de un objeto seco. A veces, pretendíamos crear una corriente de aire, para que las mismas volaran.

Una vez despertados los recuerdos, estos, como los fantasmas en su recorrido por las habitaciones de un castillo encantado, nos asaltan de tal manera, que nos llevan a sentarnos sobre la hojarasca. Nuestra mente, imbuida por el momento, permitirá que las secuencias de nuestra vida, vayan desfilando por el abismo de nuestros ojos, y nos muestren una naturaleza con cierto aire de tristeza. Mientras, las luces de un cercano crepúsculo, invadirán nuestro espíritu.

El verano ya ha marchado, y las gentes han comenzado a cubrir su cuerpo con unas nuevas indumentarias. El día se acorta, y pronto las luces tendrán que iluminar las calles, mientras, la rutina vuelve a ser la norma. Imágenes, como el regreso de los niños a las escuelas, con su permanente algarabía, nos recuerdan hoy ¡cómo pasa el tiempo!

viernes, 11 de febrero de 2011

ALBORADA

La noche comienza a diluirse al mismo tiempo, que el alba se comienza a manifestar con los rayos del incipiente sol.
A nuestros rostros, aún llega la brisa fresca y suave de la noche. Esta impacta sobre nuestra faz, y procede a lavar y aclarar las brumas de nuestros sueños.
El cielo nos ofrece todo tipo de nubes, que con sus colores variables y vistosos, por un momento aportan quietud y animan la vida, mientras la luz del astro va creciendo por momentos.
Esa luz, primero es tenue y tierna, para luego como el amor, llegar a eclosionar con viveza.
En medio de este recorrido, entre la oscura noche y la clara mañana, no dudo que estoy delante de uno de los majestuosos dones de la vida.    

sábado, 22 de enero de 2011

DE SANTONES Y PLAÑIDERAS

Cuando un duende maligno penetra en una casa, la desgracia se ceba sobre ella; surgen las enfermedades, muertes, accidentes… En definitiva, todo tipo de daños y penas. En algunas partes del mundo, es en esos momentos cuando suelen aparecer los santones y las plañideras.

Los primeros, son portadores de todo tipo de amuletos y artilugios contra los espíritus malignos. Luego, con ramas de romero a modo de hisopo, fumigarán las habitaciones, con la pretensión de ahuyentar el mal. La señal de la cruz y el rezo de mil oraciones, ante otros tantos altares iluminados con velas que hay por doquier, deberían conseguir espantar los maleficios.

Las plañideras serán las encargadas de dejar constancia pública del duelo de los familiares. De manera variada, ofrecerán sus lamentos, lloros incluso en forma de gritos estentóreos, para mostrar la pena que invade a aquella familia.
En su continua forma de mostrar el dolor, en ocasiones hasta se darán golpes en el pecho (que en algunos casos dejarán al descubierto) o echándose tierra sobre la cara, cabeza y cuerpo, tratando de ocultar la presumible belleza externa.
Poco después, un ruido intenso permitirá ver un diablo rojo, que con el rabo sucio, sale corriendo en busca de su estercolero. Ahuyentado por lo hechizos, no se sabe a ciencia cierta donde irá, y si en ese correr para esconderse, tomará el cuerpo de un cerdo o de un buitre.


viernes, 21 de enero de 2011

EL CAMPOSANTO

En nuestro caminar por la antigua carretera, solemos encontrar en ambas riberas del camino, erguidos cipreses cuyas cortas y finas ramas, apuntan permanentemente hacia el cielo. Allá, en la lejanía, se intuyen los blancos muros del camposanto del Carmen.

Según cuentan los más ancianos, al atardecer de la víspera de difuntos, cuando las campanas todavía ofrecían su triste concierto, habían sido vistas  unas fugaces sombras, escondiéndose detrás de sus tapias.

Unos decían, que eran los habitantes del aquel lugar saliendo de sus tumbas, cual fantasmas cabalgando sobre sus sombras. Venían de la lejanía de otros mundos, en busca de oscuras venganzas. Otros por el contrario, que solo recortaban el muro del cementerio, para darse un breve paseo, y así acortar el tiempo de espera, en su camino a  la eternidad.

Es un lugar extraño para los vivos, pero hemos de recordar que sin duda alguna, también a nosotros nos llegará el tiempo, en que nuestros cuerpos reposarán en este albergue temporal.

El recinto es extenso y goza de un aire limpio y transparente, al que acompaña un ambiente sereno y tranquilo, sólo alterado durante el día, por los sollozos de los familiares y amigos, en el duro momento de la despedida.

sábado, 8 de enero de 2011

LUCES DE COLORES

Desde principios del mes de noviembre, las calles de nuestras ciudades y pueblos se llenan de luces de diferentes colores y formas, avisándonos de la proximidad de las fiestas navideñas.
Por un pequeño espacio de tiempo, nos vemos de manera diferente. Estamos dispuestos y nos llenamos de buenas intenciones, y hasta llegamos a ser un poco más generosos.
Es verdad que lo que se celebra, aunque algunos lo hayan olvidado, es la llegada de un ser humano (revestido de un poder divino) que cambió la concepción del mundo.
Dejando a parte las creencias de cada uno, ese niño en un portal destartalado y casi desnudo, encarna al ser humano que siempre está desvalido ante la vida y la muerte, incluso para aquellos que más tienen.
Por unos momentos, la Estrella que iluminó el camino de los Magos hasta el Portal, da luz al interior de nuestros corazones, mientras nos acompaña en busca de nuestro mejor yo. Sin embargo, acabadas las fiestas las luces se apagan, y los colores de la vida vuelven a ser el gris y negro que lucen generalmente nuestros días.
Sólo unos cuantos que reúnen en sí la esperanza, gozan de un azul resplandeciente.
Los propósitos fijados en la noche de Fin de Año, de mejora en lo personal, familiar, etc. sucumben una vez se ha deshojado las primeras horas del nuevo año.
Los problemas nos agobian, las malas caras, los celos, las hipotecas, el paro, etc. Todo ello se viste de conflicto, al no poder vivir nuestro permanente sueño de ser felices.
Felicidad que muchos tienen al alcance de la mano, y sin embargo, no saben disfrutar. Porque ¿qué se necesita para ser feliz?
Se es feliz, cuando tiendes la mano a aquella persona que está necesitada del calor de la amistad. Cuando sea la hora que sea, eres capaz de escuchar sus cuitas y le aconsejas desde el corazón como si fueras tú mismo.
Se es feliz, cuando en cada nuevo amanecer agradeces al Creador la hermosura del nuevo día. Más, si ese día es para poder aportar tu esfuerzo en favor de los demás.
Si no buscas el poseer nada más que lo necesario, para tu día a día. Si en cada relación amorosa, de amistad, de compañerismo, pones de tu parte lo mejor de ti mismo, para hacer que el otro se sienta lleno.
Si no haces caso de aquellos que te ofrecen una “felicidad fácil”, suelen ser personas que no te quieren bien. Sus consejos pueden ser destructivos para ti.   
Existe una larga lista de aspectos que nos pueden dar la felicidad. Se trata de buscar en nuestro interior, que cosas nos hacen sentirnos contentos de ser como somos.
Desde esta página, os deseo a tod@s un ¡Feliz 2011!    

jueves, 9 de diciembre de 2010

RECUERDOS DE LA NAVIDAD (anterior al 10.12.10)

A medida que se va acercando la fecha, cada uno de nosotros vuelve, aunque sea brevemente, su mirada a los años en que éramos infantes.
Recordamos como nuestras madres, sus madres y hermanas, se reunían en la cocina y cada una de ellas preparaba los alimentos, que serían disfrutados durante la comida y cena por todos.
Mientras, los hombres montaban diferentes mesas, para que todos estuviesen sentados en el mismo comedor.
Las risas y la alegría que reinaba, superaban en mucho las dificultades que se tenían, para que en la mesa no faltasen algunos productos típicos para aquellas fechas. Sin embargo, había dos ingredientes que no podían faltar: amor y caridad
Sí, pese a que siempre entre las familias podían haber surgido divergencias, estas se posponían y todos aportaban su parte de alegría, para que aquellas fechas fueran recordadas como felices.
Había mucha gente durante la postguerra, que no tenía ni trabajo ni sitio donde guarecerse. Las escaleras de las casas, sobre todo en la época invernal, eran los refugios donde estos se cobijaban, en cuanto llegaba la noche.
Pero en la nochebuena y el día de Navidad, no podía faltar que las familias que los tenían más cerca, les diesen un tazón de caldo caliente, pollo, turrón y polvorones. Pocos, eso sí, pero compartidos.
En la época actual, con una crisis galopante en lo económico y en los valores tradicionales, vuelve a ser necesario que todos compartamos algo de nosotros mismos. No sólo los alimentos, sino el cariño y el amor hacia los otros. 


LÁGRIMAS VIVAS (anterior al 10.12.10)

Las lágrimas son la expresión de los sentimientos humanos. Acuden a nuestros ojos, lugar en el que habitan, cuando la amargura o felicidad inundan nuestro ser.
Su líquido recorre nuestras mejillas y arrastran, hasta la comisura de los labios, su amargo sabor.
Hasta hace poco, la acción de llorar suponía una actitud poco masculina, sin embargo, hoy día, es una clara expresión de nuestros sentimientos. Hasta el propio Jesús, nos dicen los evangelios, lloró por Lázaro, el amigo muerto y sepultado.
Si estás ante un momento de tristeza o alegría, y las lágrimas luchan por salir de tus ojos, no las detengas por favor, tu corazón se alegrará.  

CUANDO EL ALMA SE SERENA

Acabado el ocaso, fenece el día y la noche se apodera de la ciudad. Las gentes regresan y refugian en sus casas, donde poco a poco, irá cesando toda actividad. Solo los amigos de la noche, y aquellos que sus obligaciones les mantienen fuera de ella, permanecen en acción.

Al recogernos, nuestro interior gime por extraer todo lo vivido en aquel día. Nuestros ojos internos (el alma) recorren los hechos de la jornada: felicidad, tristeza, gozo, trabajo, amistad, peleas, odios, indiferencias,  etc. Cosas buenas y malas ocurridas durantes esas veinticuatro horas.

Llega el momento de arrepentirse, de aquellos hechos que no han ayudado a que el mundo sea un poco más justo; nuestra conciencia, analizará y valorará nuestra actitud en cada momento.

Pero al hacerlo, me debo imponer una serie de condiciones, para que este análisis no acabe todo en un lamento:

Al reflexionar lo haré sobre todas las cosas, no sólo las negativas sino también las positivas, ya que éstas últimas me ayudarán a seguir siendo constructivo.

En todo momento evitaré pensar que soy una víctima.

Buscaré siempre de cada acción la parte positiva.

Pensaré en los demás, sin embargo, Yo sigo siendo lo más importante para mí.

Debo evitar enfadarme, puesto que no es positivo. Para ello debo estar dispuesto, a encontrar salidas a cualquier conflicto.

Y por último debo descansar. El sueño es un reparador, físico, mental e inclusive psicológico. Durante las fases del sueño nuestra conciencia, descarga, encubre y protege a nuestro YO.  

La vida continuará, y los hechos se sucederán con mayor o menor premura, pero siempre encontraré un momento, para que mi alma se serene.